Kodokushi o la cara oculta del milagro japonés. Longevidad récord, soledad extrema y ancianos que delinquen para sobrevivir

Kodokushi o la cara oculta del milagro japonés. Longevidad récord, soledad extrema y ancianos que delinquen para sobrevivir

Japón encabeza año tras año los rankings globales de los países con mayor esperanza de vida del mundo. Según datos del Banco Mundial, el país nipón ha alcanzado una media de 84,1 años. De hecho, solo el territorio de Hong Kong le supera.

Sin embargo, vivir más años no siempre supone disfrutar de una vejez digna, tanto a nivel social como a nivel económico. Y no, no ocurre solo en el país asiático. También en Europa, la población se encuentra cada vez más envejecida. En muchos casos, con vínculos sociales y familiares debilitados y donde la soledad se convierte en la fiel compañera en los últimos años de vida.

Un país que envejece más rápido que ningún otro

Tras esos 84,1 años de esperanza de vida, se encuentra una realidad que no ocurre en otro país del mundo: Japón envejece más rápido que cualquier otro y un buen número de sus mayores tienen que hacer frente a una vejez en ocasiones dramática.

Los datos hablan por sí solos. En la actualidad, cerca del 47% de los japoneses supera los 50 años, cuando en 1950 ese grupo apenas representaba el 15%. Además, casi el 22% tiene más de 70 años.

En paralelo, la natalidad se ha desplomado. Los menores de 15 años, que hace siete décadas suponían el 35% de la población, hoy apenas superan el 12%, todo según estadísticas del Ministerio de Asuntos Internos de Japón.

Este desequilibrio demográfico tiene consecuencias directas en el tejido social y económico. Menos jóvenes sostienen a más mayores, y cada vez hay más hogares unipersonales.

En 2015, los hogares unipersonales ya superaban el 30% del total en Japón, convirtiéndose en el tipo de vivienda más habitual, según el censo nacional del Ministerio de Asuntos Internos.

Llegar a la vejez siendo muy pobre

Uno de los indicadores más llamativos que sacude Japón es el nivel de pobreza entre sus mayores. Según datos de la OCDE, aproximadamente el 20% de los ancianos en Japón vive por debajo del umbral de pobreza relativa. Este porcentaje sitúa al país entre los más afectados dentro de las economías avanzadas.

Las razones de esta realidad son varias: la falta de ingresos suficientes, pensiones muy limitadas y el elevado coste de la vida en ciudades como Tokio o Osaka que empuja a algunos mayores a situaciones extremas.

Ante este panorama ha emergido un fenómeno cuanto menos llamativo: ancianos que cometen pequeños delitos, como hurtos en supermercados, con el objetivo de ser detenidos y acceder a un sistema penitenciario que les garantiza alojamiento y tres comidas diarias.

De hecho, según datos del Ministerio de Justicia japonés, la proporción de reclusos mayores de 65 años se ha multiplicado en las últimas dos décadas. En algunos centros penitenciarios, este grupo representa incluso más del 20% de la población reclusa. Un dato que podría estar evidenciando el deterioro de las redes de protección social en ciertos segmentos de la población japonesa.

El fenómeno Kodokushi o morir en soledad sin que nadie lo sepa

El concepto de kodokushi, traducido literalmente como muerte solitaria, no deja de estar cada vez más presente en la sociedad nipona.

Este hace referencia a personas que fallecen en sus viviendas sin que nadie detecte su muerte durante largos periodos de tiempo. De  hecho, pueden extenderse semanas, meses o incluso años.

No existen estadísticas oficiales, pero una investigación del instituto NLI Research, estimó en 2011 que entre 8.000 y 26.000 personas mueren cada año en estas circunstancias. La tendencia no ha dejado de crecer en las últimas dos décadas.

Una circunstancia que, cómo no, atemoriza a muchos ancianos en Japón. Una encuesta de la Oficina del Gabinete japonés, reveló que el 50,7% de los mayores de 60 años que viven solos teme morir sin compañía ni asistencia.

Este fenómeno ha echado raíces en las últimas décadas. Y es que la transformación del modelo familiar, el traslado masivo a entornos urbanos tras la Segunda Guerra Mundial y la progresiva desaparición de comunidades tradicionales han erosionado (y mucho) las redes de apoyo a los más mayores.

Demencia y aislamiento

El envejecimiento también está ligado a un aumento significativo de enfermedades neurodegenerativas. De hecho, se estima que una quinta parte de los mayores de 65 años en Japón tendrá demencia en el 2060.

En algunos casos, las muertes pasan desapercibidas incluso cuando la persona fallecida convivía con alguien. El deterioro cognitivo del acompañante impide que se detecte o comunique el fallecimiento.

El diario Mainichi Shimbun documentó al menos 538 casos de este tipo en Tokio y Osaka entre 2017 y 2019. El perfil más habitual de las víctimas es tradicionalmente el de hombres mayores que viven solos en áreas urbanas.

Hikikomori o el aislamiento extremo como antesala

El aislamiento social extremo también tiene un nombre específico en Japón: hikikomori. Este término describe a personas que se retiran de la vida social durante meses o años, permaneciendo recluidas en sus hogares. Aunque inicialmente se asociaba a jóvenes, cada vez se detecta más en adultos y mayores.

Según el medio de comunicación nippon.com, se estima que más de un millón de personas viven en esta situación. Un retiro prolongado que incrementa el riesgo de soledad crónica, depresión y desconexión total del entorno. De hecho, en los casos más severos, el hikikomori actúa como antesala al anteriormente mencionado kodokushi.

España frente al espejo japonés

Aunque Japón representa el caso más avanzado, algunos de estos hechos (y cifras similares) empiezan a verse en el viejo continente.

España, con una esperanza de vida ya superior a los 83 años según el INE, también enfrenta un envejecimiento que no deja de crecer y, a la par, un incremento de personas mayores que viven solas.

En 2023, más de 2 millones de mayores de 65 años residían en hogares unipersonales en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Aunque eso sí, existen algunas diferencias. El modelo familiar español sigue manteniendo vínculos intergeneracionales más sólidos, y las redes comunitarias continúan desempeñando un papel clave.

La cuestión es, ¿podría el aumento de la longevidad y la caída de la natalidad acercar progresivamente el escenario español al japonés?

Imágenes | Pixabay, Pixabay


La noticia

Kodokushi o la cara oculta del milagro japonés. Longevidad récord, soledad extrema y ancianos que delinquen para sobrevivir

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El Blog Salmón

por
Sergio Delgado

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