Amistad entre personajes literarios: del Quijote y Sancho Panza a Frodo y Sam
  • Los amigos son uno de los grandes pilares de nuestra vida.
  • En cuanto a la literatura, la amistad es uno de los tópicos más frecuentados.

Escultura Quijote y Sancho Panza
Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y eso bien lo sabemos todos. Los amigos son, definitivamente, la familia que elegimos, quienes están ahí para lo bueno y para lo malo, aquellos con quienes decidimos compartir nuestra vida. Aprendemos de ellos y con ellos, descubrimos cosas de nosotros mismos que desconocíamos, nos abrimos a nuevas experiencias. La amistad es un regalo que hay que saber cuidar, pues nos enriquece y nos hace crecer como personas.

En artículos anteriores hablábamos sobre escritores que fueron grandes amigos y cuya relación marcó tanto sus vidas como sus obras. Ahora es momento de traspasar las páginas y trasladarnos al mundo de la ficción: ¿cuáles son aquellos personajes cuya amistad recordamos con más cariño? La lista podría extenderse infinitamente, pero nos centraremos en los que han dejado su huella en los corazones de los lectores y también en la cultura popular.

Don Quijote y Sancho Panza (Don Quijote de la Mancha – Miguel de Cervantes)

No podemos sino empezar con uno de los dúos más celebrados de la literatura universal: Don Quijote y Sancho Panza. Dos personas completamente diferentes que Cervantes supo convertir en amigos inseparables hasta tal punto que no podemos pensar en uno sin que nos venga a la mente el otro.

Sus vidas se cruzan de forma fortuita y Quijote, que como buen caballero que es necesita de un escudero, le promete a Sancho que gobernará una ínsula si le ofrece sus servicios. Él, emocionado, acepta la oferta, y juntos se embarcan en toda una serie de aventuras que harán que su relación, de amo y esclavo al principio, vaya transformándose en una amistad inquebrantable.

A lo largo de la historia se muestra cómo Sancho Panza es el amigo perfecto para Don Quijote. Fiel, atento y siempre dispuesto a ayudar; además, gracias a que no es complaciente y cuestiona a su compañero en más de una ocasión, Quijote es capaz de ver las cosas desde una perspectiva distinta a la suya (aunque en la mayoría de ocasiones el escudero acaba cediendo a las locuras de su amo). Por su parte, Quijote demuestra ser noble, paciente, generoso, cortés, elocuente y valiente, y todas estas cualidades no hacen más que potenciarse en presencia de Sancho.

Aunque comienzan siendo muy diferentes, poco a poco, como ocurre en toda amistad, se contagian el uno al otro hasta tal punto de que los críticos han llegado a estudiar el proceso de “Quijotización” en Sancho Panza y el de “Sanchificación” en Don Quijote. Al fin y al cabo, ¿qué es la amistad sino influir en la otra persona y convertirla en alguien mejor?

Sherlock Holmes y Watson (Las aventuras de Sherlock Holmes – Arthur Conan Doyle)

Si hay una amistad literaria que destaca entre todas ellas es la de Sherlock Holmes y Watson. Además de las obras de Arthur Conan Doyle en las que ambos se encargan de los casos más variopintos, la amplia variedad de adaptaciones que se han hecho de las novelas ha permitido que Sherlock y Watson se conviertan en una de las parejas literarias por excelencia de la cultura popular.

Su relación da comienzo cuando en la primera de las historias de Holmes, Estudio en escarlata, ambos son presentados por un conocido y, ante la necesidad de uno de compartir piso y la de otro por establecerse en Londres, empiezan a convivir en el 221B de Baker Street. Narrado desde la perspectiva de Watson, médico veterano herido en la guerra, conoceremos a Sherlock, un misterioso detective con una capacidad deductiva fuera de lo común. Poco a poco, Watson va haciéndose hueco en cada uno de sus casos, convirtiéndose finalmente en su compañero de investigación y confidente, relación que dará pie más adelante a una amistad.

Watson es el perfecto contrapunto al cuadriculado y racional Sherlock Holmes que, inteligente y observador, a veces carece de ciertas habilidades sociales que su fiel amigo sí posee. Las cualidades de ambos se entrelazan para dar siempre con la respuesta a los casos más desconcertantes.

Harry, Ron y Hermione (Saga Harry Potter – J.K. Rowling)

Cuando hablamos de amigos en la literatura no podemos dejar pasar la oportunidad de hablar del trío conformado por Harry, Ron y Hermione. Este peculiar grupo se conoció en Harry Potter y la piedra filosofal, en el tren de camino a la escuela de magia y hechicería Hogwarts. Aunque al principio Harry y Ron se muestran reticentes a forjar una amistad con Hermione —al contrario que ellos, ella es muy estudiosa, madura y sensata— tras salvarla del ataque de un trol se vuelven inseparables.

Los tres son muy diferentes entre sí, y es esto lo que permite que se hagan crecer los unos a los otros. Harry es el más extrovertido; Ron, el más familiar y hogareño; por otro lado, Hermione es la voz de la razón, la persona en la que confían para que salgan los planes adelante.

Conforme se va avanzando en la saga, la amistad va fortaleciéndose y el lector se da cuenta que la relación de los tres es uno de los ejes centrales de la historia. Como se les sigue a lo largo de varios años, es una experiencia tremendamente satisfactoria para el lector verlos crecer como personas y también como amigos. Sin duda alguna, de todos los mensajes presentes en la saga de Harry Potter, el de la importancia de la amistad es uno de los más potentes.

Frodo y Sam (Trilogía El Señor de los Anillos – J.R.R. Tolkien)

Dejamos lo mejor para el final. Tanto si eres fan de la trilogía de El Señor de los Anillos como lector, como si lo eres gracias a las adaptaciones cinematográficas que se hicieron a principios de los 2000, hay una cosa clara: la amistad de Frodo y Sam no tiene comparación con ninguna otra.

Gandalf le cuenta a Frodo la historia del anillo y lo que tiene que hacer para destruirlo; agazapado entre los matorrales, Sam le escucha atentamente y, tras ser descubierto, el viejo mago le dice que tiene que acompañar a Frodo en su misión. De que salga bien dependen no solo sus vidas, sino también el futuro de la Tierra Media.

Ahora bien, ¿qué hubiese ocurrido si Frodo hubiese partido solo? Si quisiéramos borrar a Sam de la historia, no solo nos perderíamos una de las amistades más entrañables de la literatura, sino que no se hubiese llegado al desenlace que todos conocemos. Sam es, sin lugar a dudas, una de las piezas fundamentales de la trilogía: sin él, su amigo está perdido. A lo largo de la historia, es él quien le ayuda a cargar con el peso del anillo, quien le recuerda que hay que tener esperanza incluso cuando le faltan las fuerzas, quien le saca de la Oscuridad cuando más cerca está de caer en ella. Si buscáramos amigo en el diccionario, Sam sería la definición perfecta.

Terminamos este recorrido por las amistades más destacadas de la literatura con una frase de William James que resume perfectamente la esencia de todas ellas: “Allá donde estés, son tus amigos los que dan forma a tu mundo”.

Más allá de El Molino: espacios de Barcelona que debemos salvar

La megafonía del Ouigo, el nuevo AVE low cost francés, anuncia: “Próxima estación: Barcelona-Sants”. Han pasado casi cuatro años desde la última vez que visité la ciudad, parece una eternidad dada la frecuencia con la que acudí durante años por motivos laborales y por puro disfrute. La recorremos en peregrinación, la pateamos, nos sumergimos por calles, plazas y lugares raramente mencionados en guías. La incierta sensación de estar perdidos resulta estimulante y adictiva.

Todos tenemos rutinas, personalmente cuando viajo a otra ciudad son sencillas: visitar alguna iglesia, la estación de tren y la búsqueda de espacios que la identifican, que la definan en tiempos globales donde la singularidad es prácticamente invisible o nula; en casi todas vemos las mismas tiendas, cines, centros comerciales convertidos en parques temáticos como alternativa cultural y templos de ocio.

Vagar por Barcelona siempre me conduce al carrer de l’Arc del Teatre, Rambla a la derecha antes de llegar a Colón. Allí se encuentra el Moog Club, referente de la música electrónica que antes de la covid-19 presumía de haber echado el cierre solo una noche desde su apertura, la de los atentados del 17 de agosto de 2017; los estragos de la pandemia han hecho que haya estado cerrado algo más de un año.

Bastantes años antes conocí el espacio por sugerencia de Joan Navarro, editor de las revista Cairo o El Víbora, no lo recuerdo con precisión. Nos recomendó a los madrileños que acudimos a su taller de ilustración y fanzines, visitar aquel espacio entonces llamado Villa Rosa, lo que no dudé en hacer casi instantáneamente al relacionarlo con la sala de fiestas del mismo nombre de mi barrio de Hortaleza en Madrid, de la que tanto me habían hablado y que nunca conocí. Me agitó todo. Entrada al espectáculo más consumición: cuatrocientas pesetas.

Flamenco, travestismos y música electrónica

Por precaución estomacal pedí una cerveza, si el precio del acceso me sorprendió, qué decir cuando la marca de la cerveza que me sirvieron era PRYCA, cadena de supermercados que acabó comprando Carrefour. Lo vivido no se puede relatar, estamos en horario protegido, mencionar unos baños siempre ocupados y la conversación con un travesti (la persona más parecida a Divine que he conocido y que actuaba todas las tardes-noches), sobre su deambular por espacios similares, ayudándome a descubrir el lado canalla de la ciudad y que desde entonces intento revivir en mis desplazamientos.

Como “la curiosidad es mi motor”, que cantaba Aviador Dro, indagué sobre aquel Villa Rosa. Tras ser un café de camareras, Miguel Borrull, guitarrista parte de una dinastía gitana, decidió montar una bodega que con el tiempo se convertiría en lugar de referencia. Por las tardes acudía un público popular, por la noche se daban cita empresarios, turistas, periodistas, que además de disfrutar de las sesiones de flamenco lo hacían con las performances, como la protagonizada por una joven gitana que se dejaba cortejar por algún turista; la aparición imprevista del novio provocaba una reyerta que podía acabar en los calabozos de la comisaría cercana si la cantidad acordada satisfacía al comisario de turno, todo parte de la trama.

Espacio donde la UGT tuvo la sede del Sindicato Peninsular de Inválidos, acogiendo reuniones clandestinas en pleno franquismo, mientras que por su escenario pasaban Carmen Amaya, La Niña de los Peines, Antonio Chacón y una María Jiménez que arrancó allí su carrera dejando atrás sus labores como empleada de hogar.

Aquella noche comprendí la singularidad y complejidad de la sociedad catalana, que nunca percibí escuchando a políticos, politólogos y tertulianos

Metros más adelante giramos a la izquierda a la calle Montserrat, en el número 9 encontramos una puerta herméticamente cerrada. Es por la tarde, El Cangrejo es un espacio nocturno, ahora taciturno por las limitaciones de la pandemia. La última vez que estuvimos allí coincidió con la Declaración Unilateral de Independencia de octubre de 2017. El contraste entre lo que se vivía en la calle y lo que acontecía en el local fue brutal y apasionante. La plaza de Sant Jaume, sede del ayuntamiento y de la Generalitat, era un hervidero político mientras en el centenario local del Raval otra ciudad bailaba los ritmos de Rafaella Carrá, Los Chichos, Lola Flores, Tony Ronald y Bisbal, antes de dar paso a drags y transformistas.

“Buenas noches, señoras y señores soy Gilda, la cachonda de Cádiz, que por delante parece una maceta de geranios y por detrás un armario”. Así se presentó durante años el famoso transformista que cambió su vocación de misionero por los escenarios. Aquella noche comprendí la singularidad y complejidad de la sociedad catalana, que nunca percibí escuchando a políticos, politólogos y tertulianos. Local con su propia liturgia arropada por cuadros, carteles, castañuelas y cangrejos adaptada a los tiempos, el ayuntamiento que ordenó la clausura durante una temporada por no tener licencia para espectáculos, debía desconocer que allí debutó Carmen Amaya, se presentó Lola Flores y era habitual ver es sus tablas a Carmen de Mairena, y plantando sus posaderas a Federico García Lorca, Joan Miró o Salvador Dalí. La leyenda más recientemente menciona a Madonna y a la plantilla al completo del Barça. Enfrente, en el número 10, se encontraba el Café Cádiz, otra institución que en 1973 echó el cierre, sobrevivió casi en su totalidad a la dictadura, pero no llegó a la democracia.

Edith Piaf, Billy Idol, Rafaella Carrá… y Sara Montiel

A escasos metros, en el número 4 del carrer de Santa Mónica, se encuentra el histórico Bar Pastís, espacio de apenas veinte metros cuadrados abierto en 1947. La conocida bebida marsellesa compuesta de anís y regaliz da nombre a la bodega tabernaria más famosa de la ciudad. A pesar de sus pequeñas dimensiones programaba conciertos. El martes era la noche del tango tan presente en su cartelería, fotografías e imágenes. Romina Bianco, reconocida intérprete del género, se estableció muy joven en la ciudad tras migrar desde su Argentina natal: “El Pastís fue la entrada en Barcelona del tango, a su historia en Barcelona. Un lugar muy pequeño pero grande en sus recuerdos colgados en sus paredes. Un pedazo de historia de la música en Barcelona”, comenta.

Hace tiempo que la música dejó de escucharse en vivo. El local sobrevivió pocos años tras modificarse los contratos de alquiler de renta antigua. En nuestra visita de octubre de 2017 su propietario durante casi cuatro décadas, Ángel, nos comentó que lo dejaba, no podía soportar ni el precio del alquiler ni la situación política que había reducido al mínimo el número de clientes, era hora de jubilarse. Los nuevos propietarios se comprometieron a mantenerlo igual, dejando patente que la coctelería iba a primar sobre las bebidas populares, delatando un recorrido diferente.

Marta, cincuenta por ciento de Marta y Micó, nos recuerda su primera actuación en su minúsculo escenario “supuso empujar una puerta de madera y cristales a través de la que se veía un local pequeño y sorprendente, lleno de afiches de otros tiempos, cuadros velados por el humo de un enorme candelabro, recortes de diarios, postales y un enorme espejo que nos devolvía nuestra imagen. Sobre el pequeño escenario, con luces de cabaré, colgaban de una viga un corazón rojo y un bandoneón con una serpiente enroscada sobre su fuelle, sobrevolaba el local una diosa bohemia y republicana, símbolo de ese local único que cada noche ofrecía la verdad de la música en directo”, añadiendo “Allí conocimos a grandes músicos, hicimos amigos, bebimos el célebre Pastís, celebramos la fiesta de estar vivos.

Pero nada es eterno y el Pastís tuvo que cerrar sus puertas en 2018 a pesar de todos los intentos que hubo para que eso no ocurriera, Barcelona quedó más pobre” mientras nos regala un vídeo recordando su paso por allí. Actualmente sigue abierto, tomamos unas cervezas, la música de Brassens, Piaf o Gardel ha dado paso a Billy Idol, que recuerda otros momentos y lugares.

Entre los pioneros en confluir flamenco y músicas caribeñas estaba Antonio González ‘El Pescaílla’

Desandamos nuestros pasos comprobando que la calle Montserrat se convierte en carrer de Guardia. En el número 14 está el mítico club La Concha del Raval, creo recordar que sigue igual que cuando lo visité por primera vez hace unos cuantos años con motivo del Mercat de Música Viva de Vic. Yolanda Pérez, documentalista y productora, comenta cómo conoció el local: “Estaba preparando ‘Todos los nombres de Sara’ y lo encontré. Me puse en contacto con el dueño que resultó ser marroquí. Rachid se había hecho cargo del bar que le traspasó un señor muy fan de Sara Montiel que lo había decorado, estaba enfermo y no podía hacerse cargo. Cuando tomó las riendas no sabía quién era la tal Sara, pero si estaba allí sería era una gran actriz, así lo dejó. Cuando tuvo que hacer reforma desmontó todo, poniendo posteriormente todo en su lugar. Fue conociendo a Sara por los parroquianos que frecuentaban y frecuentan el lugar, haciendo performances sobre la manchega más universal”. Música, variedades y cachimbas durante décadas.

Entrada de La Concha. Foto: Yolanda Pérez

Ni ‘Moulin’ ni ‘rojo’

El domingo quedamos para comer con Silvia Marsó, pero antes decidimos ir al Mercat de Sant Antoni, pasamos por el Teatre Goya que tiene en cartel Las Criadas de Jean Genet, y nos recuerda cuando el escritor francés se transvestía y prostituía en La Criolla para sobrevivir. En el Mercat encontramos todo tipo de reliquias, libros, revistas, cómics, cromos, prensa… Ediciones más que raras como Sinfonía en rojo de un tal José Landowsk, llama la atención el texto de la contra “primer libro que se publica sobre la URSS y el Partido, después de la guerra, por un rojo español”. No es preciso ser muy sagaz para intuir de qué va, la curiosidad me hace adquirirlo tras desembolsar un euro.

En la comida uno de los temas de conversación es la noticia de que el ayuntamiento ha llegado a un acuerdo para adquirir El Molino, que durante años albergó los espectáculos más transgresores. Por su escenario pasaron las figuras más rutilantes, fue además sede de la Unión Patriótica de Miguel Primo de Rivera, gestionado por la CNT en la República. Su denominación histórica como Moulin Rouge se cambió tras la Guerra Civil al ser obligatorio españolizar los nombres, suprimiendo la palabra ‘rojo’. Silvia nunca actuó en su escenario recordando que en sus inicios “canté ‘El carrito de porcelana’ del maestro Prada, uno de los grandes compositores de El Molino”.

La medida adoptada por el ayuntamiento de Ada Colau es oportuna, quizás llega con retraso “es una pena que no se haya conservado como estaba, todo el sabor y singularidad que tenía se perdió con la reforma. En su escenario minúsculo llegaron a bailar hasta diez chicas de conjunto con sus plumas, siete vedettes, los boys y los cómicos, el número del cierre de espectáculo apoteósico, una filigrana para no perder el equilibrio y que no cayera nadie al foso.

Los músicos tocaban en directo. El público bramaba, era un espectáculo asistir, no solo por el espectáculo, sino por ver cómo reaccionaba el público. No he visto nunca algo parecido, creo que no volverá a verse”, comenta. La propuesta municipal forma parte de la estrategia de consolidación del Paral-lel como eje cultural, se anuncia que tendrá una gestión privada de titularidad pública. Reapertura para el próximo año, no son necesarias muchas reformas, como comenta Silvia, ya se acometieron.

Placa conmemorativa al gran ‘Pescaílla’

También en El Paralelo se encuentra uno de los grandes templos del cabaré barcelonés, el Teatre Arnau. Adquirido igualmente en su momento por la corporación municipal, en la actualidad está tapiado y vallado sin visos de recuperación, la rehabilitación se estima cercana a los doce millones de euros. Situado en la Plaza Raquel Meller confluencia con Nou de la Rambla cerca de carrer de la Cera, cuna de la rumba catalana. El lugar no es casual, la multiculturalidad del Raval dio luz a un género reconocible universalmente con nombres como Peret, Gato Pérez, Los Amaya, Ai Ai Ai o Los Manolos. Zona tan rumbera compite con el Barrio de Gracia donde a mediados del siglo XIX se instalaron las primeras casas para obreros que trabajaban en las fábricas de una ciudad en expansión.

Entre los pioneros en confluir flamenco y músicas caribeñas estaba Antonio González ‘El Pescaílla’, una placa en el número 8 del carrer de La Fraternitat recuerda que allí “nació el creador de la rumba catalana”. El antiguo Bar Resolís era el punto de encuentro de los músicos, aunque la fiesta la podías –y puedes– encontrar en cualquier calle o plaza del barrio. Sabor de Gracia y Estrellas de Gracia, dos combos que durante años han mostrado propuestas surgidas en la Triana barcelonesa.

Siempre quedará Bambino

Si pasas más de dos o tres días en la ciudad es obligatoria la visita a la Barceloneta, que es mucho más que sus playas. Calles estrechas llenas de vida reflejan el barrio más marinero de la ciudad. Hacia allí siempre se dirigía Bambino, a La Barca el bar al que siempre acudía. El utrerano prefería compartir sus ingresos con sus amigos en vez de alojarse en hoteles de postín.

Cuando el establecimiento cerró todos sus recuerdos pasaron al cercano Bar Leo en carrer de San Carles. Paredes cubiertas de carteles, fotografías y recuerdos, memoria también del barrio y de sus gentes que han convertido el local, como ya señaló algún medio, en templo de peregrinación. Sentarse a tomar algo, disfrutar de la música y de la conversación con su propietaria, siempre atenta y amable, es otra forma de ver y conocer la ciudad.

Rincón con recuerdos del cantante Bambino

Gracias a espacios como los reseñados y a algunos más que se podrían añadir, conocemos la cultura viva, la de las calles, sus gentes, crónicas e historias, alejada del consumo cultural, la cara B que nos permite ver la ciudad con otra mirada. Sumergirse en la leyenda del tabernero ahorcado en La Boquería cuyo hijo algunos relacionan como Cristoforo Colombo. Pasear por parajes que forjaron movimientos que pusieron en jaque a los gobernantes como el Bar Eléctrico en Sants o directamente rompían con el orden y las normas establecidas.

Sin nostalgia: cualquier tiempo pasado no fue mejor. Recuperar la memoria individual, la colectiva, la identidad, el reconocimiento, la solidaridad y el apoyo tan necesario en tiempos como los actuales, en Barcelona y en el resto de ciudades. Para lograr su supervivencia habría que tomar medidas institucionales, catalogarlos como Bien de Interés Cultural, proteger ese patrimonio material e inmaterial que permita que espacios, historias, ciertas o leyendas, no se diluyan y desaparezcan, y con ellos la cultura de proximidad, la de las personas.

Rubén Caravaca Fernández (@rubencaravaca) es dinamizador, investigador y comunicador cultural

Ai Weiwei, al rescate del medio ambiente


Donde otros temen lanzar una opinión, hay genios que tienen bien claras las cosas. El mejor ejemplo lo ofrece Ai Wei Wi, que se atreve con todos los temas, entre ellos uno bastante candente: Cuba.

“Creo que los cubanos merecen una vida mejor y un Gobierno mejor”, sentencia Ai Weiwei. El artista chino, siempre comprometido con los derechos humanos, reapareció esta semana en la ciudad portuguesa de Oporto con un nuevo motivo de lucha, el cambio climático, aunque sin dejar de lado la política.

“Con suerte desembocará en un progreso mejor, más democrático”, dice sobre las protestas en Cuba el artista chino, que presenta en el museo Serralves de Oporto nuevas piezas para denunciar los riesgos del cambio climático y su impacto, sobre todo en la Amazonía brasileña.

“Ai Weiwei: Entrelazar, Pequi vinagreiro, Raíces, Figuras humanas” es el título de una exposición que se desarrolla tanto en el interior del museo como en sus jardines, en los que se despliegan las obras más impresionantes, como un árbol de 32 metros que recrea un ejemplar de la variedad Pequi, original de Brasil y en peligro de extinción.

Una obra que muestra un tronco seco que fue dividido en segmentos y fueron transportados a China para ser soldados, una pieza que tardó tres años en realizarse.

“En un 99 % está muerto”, explica Weiwei sobre el árbol, que muestra las consecuencias de no frenar el cambio climático, cuyos devastadores efectos se han podido ver en las recientes inundaciones de Alemania.

El artista, sin embargo, cree que la amenaza aún no es evidente para todos.

“Creo que vendrán más (desastres naturales). Puedo ver más cambios climáticos radicales, las temperaturas se han elevado dramáticamente y el resultado serán más inundaciones, más sequías, más hambre y problemas nuevos” por un mayor abismo entre pobres y ricos, sostiene el artista, para sentenciar: “Así que el futuro no será estable”.

En su opinión, “hemos perdido gradualmente el equilibro entre humanos y medio ambiente”.

“Veo un cambio climático dramático, veo a humanos explotando la naturaleza por objetivos innecesarios”, comenta, antes de destacar que, “hiriendo a la naturaleza, el ser humano se hiere a sí mismo porque forma parte de la naturaleza”.

Inquietante. Una de las piezas expuestas en Oporto. EFE/M. Riopa

Una larga reflexión

Las reflexiones de Weiwei llegan tras una investigación en Brasil que le llevó a explorar su biodiversidad y a alertar acerca de las preocupaciones sobre el futuro, aspectos de aborda en el trabajo expuesto en Serralves, en cual también da cabida al intercambio de culturas y a la sexualidad.

La inminencia del desastre atraviesa la exposición, realizada con apoyo de la española Fundación La Caixa y donde los trabajos acaparan el mismo número de flashes que Weiwei cuando se baja la capucha de la sudadera o se cubre el rostro con un helecho.

Entre los juegos fotográficos del artista, que reside en la región portuguesa de Alentejo, van finalmente surgiendo las obras, como “Raíces”, que muestra varios troncos de árbol talados, también de la variedad Pequi (original del estado de Bahía), y deja a la vista lo que se hunde en la tierra.

La obra de Weiwei, impactante a la vista, suele tener una lectura mucho más profunda y reflexiva. EFE/M. Riopa

Interés por la sexualidad

No solo la naturaleza de Brasil es objeto de estudio de Weiwei, también lo es la “sexualidad latente en la cultura brasileña”, según el museo.

Es el caso de “Dos figuras”, obra en la que se representa sobre un colchón el molde de una modelo brasileña que yace junto a otro molde, este del propio artista.

También puede verse la fotografía “Mutuofagia”, en la que aparece el artista desnudo sobre un fondo de frutas tropicales como expresión del “dolor y el placer de dar un mordisco a la cultura de otro y de ofrecer un mordisco de la cultura propia”.

La muestra de Serralves tiene lugar apenas un mes después de que Weiwei presentara en Lisboa una ambiciosa retrospectiva, que no se espera sea competencia, según Rafael Chueca, director corporativo de Fundación La Caixa, pues, destaca, en cuestiones culturales “no se compite, se suma”.

Los trabajos de Weiwei expuestos en el interior del museo podrán verse hasta el próximo 5 de febrero, en tanto que las piezas en el exterior se mantendrán hasta el 9 julio de 2022. 

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