Goldman Sachs compra el exchange Poloniex

Goldman Sachs a través de Circle su empresa participada a comprado el exchange Poloniex. Aunque en algunas publicaciones se ha comentado que Poloniex es uno de los grandes exchange (intercambios) lo cierto es que por volumen de operciones ni siquiera está entre los 10 primeros. También se ha comentado que el precio de compra ha sido de 400 millones de dólares. Curiosamente mucho mas que la propia capitalización de Circle, ya que como ellos afirman en su web se fundaron con 140 millones de dólares.

Poloniex fué fundado en 2014, es un exchange solo de criptomonedas (Tokens y activos digitales), no hacen operaciones con dinero fiat. Tienen su sede en Delaware un estado «paraiso fiscal» de EEUU.
Actualización: Según los últimos cambios es su web, su sede actual está en Boston (Massachusetts).

¿Que es Goldman Sachs? Un banco de inversión (quizás el mas grande del mundo) que ha participado en graves escándalos como su participación en la crísis de 2008 donde tuvo que ser rescatado con 10.000 millones de dólares. Tambíen tiene una gran influencia en la política mundial:

Goldman Sachs, el banco que gobierna el mundo (El País 5-2-2017)

Haciendo una búqueda en FINRA (Autoridad regulatoria de la Industria Financiera) vemos que Goldman Sachs tiene numerosas sanciones.

Lloyd Blankfein, chief executive of the US investment bank, said: “Something that moves 20% [overnight] does not feel like a currency. It is a vehicle to perpetrate fraud.”

Lloyd Blankfein Director Ejecutivo de Goldman Sachs decía en 2017 sobre Bitcoin: «Algo que se mueve un 20% no parece ser una moneda. Es un vehículo para cometer fraudes»

¿Que es Circle? Pues como ellos mismos dicen en su web:

 Somos mucho más que una aplicación para realizar pagos. Nuestra misión es cambiar la economía mundial.

Curiosmente tienen la misma misión que el Bitcoin.

Pero Circle también tiene un división, CircleTrade, en la que afirman ser «Uno de los mas grandes proveedores de liquidez en activos digitales y criptomonedas del mundo» y afirman realizar operaciones por 2.000 millones mensuales en criptomonedas. Solo aceptan operaciones desde 250.000 dólares y operan con BTC, ETH, ETC, ZEC, BCH, LTC, NEO y QTUM.

Los Inversores de Circle:

Circle es posible gracias a los 140 millones de dólares aportados por nuestros inversores: Goldman Sachs, IDG Capital Partners, Breyer Capital, Accel Partners, General Catalyst Partners, Baidu, CICC Alpha, EverBright, WangXiang y CreditEase.

Da la impresión de que G. Sachs y otros socios que no se atreven a entrar en el mundo de las criptomonedas directamente,  han formado Circle para «experimentar». Curiosamente G.S. ha afirmado que Bitcoin es una burbuja. También tiene una especie de «curso de Blockchain» en donde podemos ver que aunque tienen conocimientos del tema, tambiém tienen errores de concepto y técnicos.

Bitcoin mas rápido y mas barato

Hoy día 25 de febrero de 2018 se ha producido una bajada histórica en las comisiones (fees) que se pagan por cada transferencia (transacción). Esto es consecuencia del estado del Mempool de Bitcoin, la memoria donde se almacenan las transacciones pendientes de procesar, como podemos ver en la imágen de Johoe’s Bitcoin Mempool Statistic.

El número de transacciones pendientes ha pasado de mas de 20.000 en los últimos días a menos de 1.000 en el momento de escribir este artículo. Esto se ha traducido en un descenso drástico de las comisiones de hasta 100 veces y por tanto, en transacciones mas rápidas y económicas.

Esto, unido a la inminente implantación de Segwit por parte de varios exchanges y en la próxima versión de Bitcoin Core, el cliente completo de Bitcoin, nos proporcionará una red mas versátil.

Con esto y otros wallets que ya lo incorporan, se facilita así al usuario el acceso a esta mejora del protocolo de la red Bitcoin, introducido en agosto de 2017, que permite mas transacciones por segundo y mas baratas.

La vida en un chip

17.02.2018 00:00 h. Actualizado: 29.01.2019 18:27 h.

Tomo prestado un viejo programa de TV3 de Joaquim Maria Puyal para titular este artículo porque la nueva propuesta de Netflix, Altered carbon, ambientada en 2384, va precisamente de eso, de cómo la tecnología ha logrado que lo que constituye el ser de los humanos este concentrado en una especie de chip o pila insertado en el cogote, con lo que el cuerpo deviene una carcasa –o funda, como le llaman– que se puede ir cambiando a voluntad.

Basada en la novela homónima de Richard K. Morgan (publicada en 2002), Altered carbon narra las aventuras de un chip con cuerpo nuevo que, tiempo atrás, combatió a una especie de gobierno interestelar que atiende por el Protectorado. El chip era de Takeshi Kovacs, un oriental con sangre polaca, pero ahora lo lleva un poli asesinado de la imaginaria Bay City. Junto a la compañera de éste, la teniente Ortega, Kovacs deberá descubrir si un millonario se suicidó o fue asesinado.

La peripecia dura diez capítulos que se devoran con ansiedad, pero no alimentan mucho, como pude comprobar el pasado fin de semana, cuando me tragué Altered carbon de principio a fin. Como ya me sucedió con otra serie de Netflix, Stranger things, a menudo me preguntaba por qué me zampaba episodio tras episodio. Y, al igual que en Stranger things, una molesta sensación de pérdida de tiempo se apoderó de mí al final de la experiencia. Parece que hay series adictivas, como el tabaco, el alcohol o el chocolate, que, en el fondo, no van a ninguna parte. Están muy bien hechas, imperan en ellas la pirotecnia y la autoimportancia y te las tragas prácticamente sin darte cuenta, cuando podrías estar haciendo algo más útil. No es que sean malas. Simplemente, prometen más de lo que dan.

Poca originalidad

En el caso de Altered carbon hay algunos problemas más: resulta difícil empatizar con sus protagonistas, el McGuffin de la trama no es de la mejor calidad precisamente y el diseño de producción se lo debe todo a Blade runner, con su lluvia permanente, sus puestos de comida oriental, sus altos edificios y sus coches voladores. ¡Y Blade runner es de 1983! Ya puestos, los guionistas de Altered carbon podrían haber heredado algo del humanismo pesimista de Philip K. Dick, pero han preferido quedarse con la parte espectacular, pirotécnica y de grand guignol futurista.

Eso sí: resulta muy difícil resistirse a echarle un vistazo a esta serie. Y en cuanto te has tragado el primer episodio, ya estás perdido: sin saber cómo, llegarás hasta el final. Y al cabo de un par de días la habrás olvidado.

El niño que sabía demasiado

10.02.2018 00:00 h.

Interesante aportación de Calle 13 a la parrilla televisiva de pago. Se trata de la miniserie canadiense The disappearance (La desaparición), que consta de seis episodios. Ya sé que la semana pasada les hable de Gone, una serie que va de una mujer, secuestrada de pequeña, que ahora ayuda al FBI a localizar a gente en su antigua situación, pero les aseguro que no estoy obsesionado con el tema y que las novedades, simplemente, llegan como llegan. La principal diferencia entre ambas propuestas audiovisuales reside en que, una vez vistos los dos primeros episodios de cada una de ellas, uno tiene muchas ganas de ver los que faltan de The disappearance y digamos que no tantas de ver cómo evoluciona la carrera investigativa de la protagonista de Gone.

El punto de partida de la esta nueva serie de Calle 13 es la desaparición de un niño, Anthony Sullivan, el día de su décimo cumpleaños. Nadie se explica quién ha podido llevárselo ni por qué, pero los astutos guionistas apuntan en una determinada dirección, que puede ser, o no, una simple manera de despistar al espectador: días antes de su desaparición, Anthony presentó un trabajo escolar, digamos, problemático; el encargo consistía en elegir un lugar o un país y elaborar un informe sobre sus costumbres; Anthony eligió su propio barrio, incluyendo en él polaroids de diferentes vecinos (entre ellos, la madre de un compañero tomando el sol casi desnuda). Tras la bronca paterna y escolar –que no comparte su abuelo, un juez jubilado interpretado por Peter Coyote, del que no sabíamos nada hace tiempo–, puede que haya llegado una más contundente que ha conducido a su secuestro. A todos se nos pasa por la cabeza que el pobre Anthony tal vez vio algo que no debía durante sus expediciones por el barrio.

Enigmático

En cualquier caso, al inicio del segundo episodio han pasado dos años y el paradero de Anthony sigue siendo un misterio. Su abuelo se está volviendo loco y pierde los papeles en público con notable frecuencia. Sus padres, que ya estaban divorciados, experimentan cierta aproximación después de que el amante de la madre, al descubrir que está embarazada, se dé las de Villadiego.

La tristeza y la crispación dominan esta segunda entrega, que termina en un momento de callada tensión. Habrá que esperar a ver cómo se resuelve todo el enigma para tener una opinión definitiva sobre The disappearance, pero, de momento, la experiencia está siendo muy satisfactoria.

Profesión: sus secuestros

03.02.2018 00:00 h. Actualizado: 03.02.2018 00:13 h.

Hay series buenas, serias malas y series mediocres que podrían haber llegado a ser buenas con un poco más de esfuerzo y ambición por parte de sus responsables. Gone, la nueva propuesta de Calle 13 para la noche de los jueves, pertenece a esta tercera categoría: podría haber sido excelente, pero se conforma con ser un agradable entretenimiento para cuando el espectador no tiene la cabeza para muchas complicaciones. Es decir, un producto en la línea de Mentes criminales —aquí también hay un avión para el equipo de justicieros del FBI– o las incontables ramificaciones de la eterna CSI.

Sobre el papel, la cosa prometía bastante, y lo digo en un sentido literal, ya que Gone parte de una novela que está muy bien, One kick (Una patada), de la norteamericana Chelsea Cain. La protagonista, Kit Kick Lannigan (Leven Rambin), fue secuestrada de pequeña y se pasó varios años con la pareja que se la llevó, hasta ser liberada por el agente Frank Novak (Chris North), quien a partir de entonces se dedicó a vigilarla a distancia. A los 26 años, Kick hace honor a su alias dando clases de artes marciales mientras intenta ser una persona normal, sin mucho éxito. Es entonces cuando Frank reaparece por persona interpuesta, el agente Frank Bishop (Danny Pino), para enrolarla en su equipo especial de resolución de secuestros. Ella se resiste un poco, pero es evidente que acabará aceptando la propuesta.

Guion intelectualmente deficitario

Hasta ahí, todo bien. El problema viene con la puesta en práctica de la premisa: los guiones de Matt López resultan intelectualmente deficitarios (todo gira en torno a la trama, descuidando aspectos psicológicos de la protagonista que podrían ser relevantes, empezando por esa madre que se ha fabricado una carrera como escritora​ a partir del secuestro de su propia hija), la dirección de los distintos realizadores es plana y rutinaria, y ninguno de los principales protagonistas cuenta con algo remotamente parecido al carisma.

Con un guion más vulgar que cualquiera de los de Gone, el cineasta Tarsem Singh fabricó aquella joya visual que fue The cell. Pero aquí nadie ha tenido la idea de intentar ir un poco más allá, de trascender la ficción policial: ni en el fondo ni en la forma. Y lo peor es que el concepto original lo permitía e, incluso, alentaba. Una lástima esa falta de ambición que convierte Gone en una serie entretenida, de las de pasar el rato antes de irse a dormir, cuando podría haber dado mucho más de sí.