Cuando nos disponemos a instalar una unidad de disco sólido SSD en nuestro PC o compramos un ordenador que ya dispone de una, de entre las razones por las que tomamos esta decisión, está el rendimiento. Estos discos son bastante más rápidos que los mecánicos a los que estamos acostumbrados desde hace años.
Y es que la velocidad de lectura y escritura de los SSD influye de manera directa en la capacidad de respuesta del ordenador en general, y del sistema operativo. Al margen del procesador o la memoria RAM de la que disponemos en el equipo, este componente hardware también es sumamente importante a la hora de medir el rendimiento de nuestro ordenador en términos generales.
Sin embargo, desafortunadamente en ciertas ocasiones nos damos cuenta de que esa velocidad de lectura y escritura esperada en un disco en estado sólido no es tan elevada como cabría pensar. Llegados a este punto, es común creer que el problema reside en el propio hardware o en otro factor externo, pero no siempre es así. Algo que debemos tener presente en un principio es que Windows controla cómo se reconocen las operaciones de escritura a nivel del controlador de disco.
Esta es una política de almacenamiento predeterminada que restringe el uso de la caché interna de la unidad, lo que puede provocar un rendimiento inferior al esperado en este importante componente de hardware. Básicamente, con esto queremos decir que antes de plantearnos que la unidad está dañada, deberíamos tener en consideración esta configuración de Windows de la que os hablamos.
Al mismo tiempo debemos tener presente que por regla general todos los discos SSD más actuales implementan algún tipo de memoria caché de escritura. La memoria dedicada es común en unidades de gama alta y algunas unidades NVMe de gama media.
Este cambio mejora el rendimiento de los discos SSD en Windows
Mientras tanto, los SSD más económicos crean una caché a partir de la memoria principal del PC. Al mismo tiempo debemos tener en consideración que el propio sistema operativo de Microsoft utiliza dos directivas en el Administrador de dispositivos para gestionar la lectura y escritura de estas unidades de almacenamiento: Extracción rápida y Mejor rendimiento.
Esta es la forma en la que Windows reconoce y gestiona el comportamiento a nivel de rendimiento de estos discos sólidos. Antes, la directiva Mejor rendimiento era la predeterminada, pero esto cambió con la versión 1809 de Windows 10. Esto se traduce en que incluso si el disco puede ser más rápido, Windows lo configura para que sea más conservador, lo que afecta negativamente a su rendimiento general.
