Si simplemente oyes «ajedrez de una dimensión» la cosa parece imposible, pero si luego ves el tablero el juego se antoja un poco más plausible.
El caso es que el 1-D Chess de Rowan Monk, inspirado por una descripción que hizo Martin Gardner en su legendaria columna Juegos matemáticos del Scientific American en 1980, es de todo menos trivial.
Al rey lo acompañan una torre y un caballo, porque la simplificación no da para mucho más. Las reglas son las mismas que en el ajedrez convencional, excepto que el caballo mueve saltando una casilla y aterrizando en la siguiente. Empiezan las blancas y se juega contra el ordenador.
Si empiezas a jugar casi seguro que acabas la partida en tablas, porque con tan pocas piezas no hay muchas opciones: la torre mueve o captura y el caballo salta. El ansiaviva te llevará a capturar y si no calculas bien… ¡rey ahogado! Esa regla del ajedrez (un tanto criticada por algunos, que la consideran injusta) dice que si el rey enemigo no está en jaque pero tampoco puede mover, la partida acaba en tablas.
Así que probablemente empezarás a hacer movimientos de tanteo, adelante y atrás. Pero si te excedes… tablas por repetición, que es otra regla que dice que si se produce tres veces la misma configuración en el tablero, el juego finaliza en tablas.
Naturalmente, si solo quedan los dos reyes en el tablero, el resultado también son tablas.
Así que, entre unas cosas y otras, yo todavía no he conseguido ganar ni una vez. O no he probado opciones suficientes o es que en una versión tan simplificada del juego es imposible contra una estrategia medianamente decente del ordenador.
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