Sin internet: Evaluando los límites y alcances de un Bitcoin analógico

Un examen sobre la resiliencia de Bitcoin mediante redes alternativas y su viabilidad frente a una desconexión.

La supervivencia humana en condiciones de aislamiento absoluto depende estrictamente de los recursos tangibles presentes en el entorno inmediato. Si una persona naufraga en una isla desierta, su capacidad para mantenerse con vida estará ligada a su habilidad para localizar agua potable o vegetación que provea alimento. En ese escenario de soledad total, el concepto de riqueza carece de sentido porque no existe el intercambio. 

Sin embargo, en el momento en que aparece un segundo individuo, surge la necesidad de organizar la convivencia y los recursos. Es aquí donde el dinero se manifiesta no como un objeto físico con valor intrínseco, sino como una tecnología social. Esta herramienta requiere, de manera indispensable, un sistema de comunicación que permita el flujo de información y el establecimiento de consensos sobre quién posee qué.

Históricamente, el dinero ha adoptado múltiples formas para cumplir esta función comunicativa. Desde conchas marinas y piedras hasta metales preciosos y billetes de papel, el soporte ha sido secundario frente a la capacidad del sistema para transmitir una promesa de valor. En la actualidad, la sociedad ha delegado esta función casi exclusivamente en la infraestructura digital. Existe la percepción generalizada de que, si la red global de internet dejara de funcionar, el sistema económico colapsaría de forma irreversible. Esta preocupación es válida si se considera que los bancos modernos dependen de servidores interconectados y el efectivo físico enfrenta desafíos de custodia, deterioro y la posibilidad de que las autoridades decidan desconocer su validez legal en contextos de crisis.

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