Por Hugo Piña
Un día como hoy, 10 de marzo de 1963, nació en Long Beach, Nueva York, Frederick Jay Rubin, conocido mundialmente como Rick Rubin: cofundador de Def Jam Recordings, fundador de American Recordings, ganador de nueve premios Grammy y, según MTV en 2007, el productor más importante de los últimos 20 años. Ese mismo año, la revista Time lo incluyó en su lista de las 100 personas más influyentes del mundo. A sus 63 años, Rubin sigue siendo el productor más improbable y más influyente de la música contemporánea, un hombre que no lee partituras, no opera la consola de grabación y a menudo produce discos recostado en un sofá con los ojos cerrados.

Del dormitorio universitario al imperio
La historia de Rubin es una anomalía en la industria musical. Creció en Long Island escuchando heavy metal y punk, tomaba el tren a Manhattan para ver a los Ramones, y durante la secundaria formó su primera banda, The Pricks. En la Universidad de Nueva York estudió filosofía mientras se sumergía en la escena del hip-hop neoyorquino. En 1983, produjo su primer sencillo, “It’s Yours”, de T La Rock y Jazzy Jay, y el éxito del tema lo llevó a conocer a Russell Simmons, entonces mánager de Run-D.M.C. y una figura ascendente en la escena rap.
En 1984, todavía desde su dormitorio de la NYU, Rubin y Simmons fundaron Def Jam Recordings. El primer lanzamiento del sello fue “I Need a Beat” de un rapero de 16 años llamado LL Cool J. El sencillo costó 700 dólares de producir y vendió más de 100,000 copias. Cuando los camiones de la planta de prensado llegaban a su residencia universitaria con cajas de vinilos, Rubin supo que no iba a ir a la escuela de derecho. Les envió a sus padres una fotocopia de su primer cheque de anticipo — 600,000 dólares — como aviso.
Lo que siguió fue una avalancha. Rubin produjo Licensed to Ill de los Beastie Boys en 1986, el primer álbum de rap en llegar al número uno del Billboard 200, y que Rolling Stone terminaría ubicando como el número uno de su lista de los 100 mejores álbumes debut de todos los tiempos. Ese mismo año produjo Raising Hell de Run-D.M.C., que incluía la colaboración con Aerosmith en “Walk This Way”, una canción que no solo revivió la carrera de Aerosmith sino que se convirtió en el experimento fundacional de la fusión entre rap y hard rock en la cultura mainstream. También fichó a Public Enemy para Def Jam, una decisión que cambiaría la dirección del hip-hop político para siempre.
El salto al metal: Reign in Blood y el inicio de todo
En 1986, mientras el mundo del rap lo coronaba, Rubin hizo algo que nadie esperaba: produjo Reign in Blood de Slayer. El disco, grabado en apenas tres semanas, dura menos de 29 minutos y es considerado uno de los álbumes más influyentes en la historia del thrash metal. La intensidad era inhumana, la producción era cruda pero precisa, y Rubin demostró que su instinto para capturar la esencia de un artista no tenía fronteras de género. Continuó trabajando con Slayer en South of Heaven (1988), Seasons in the Abyss (1990) y otros discos posteriores, consolidando una relación creativa que definiría el sonido de la banda durante sus años más aclamados.
En 1988, tras un conflicto con el presidente de Def Jam, Rubin se mudó a Los Ángeles y fundó Def American Recordings, firmando a bandas como Danzig, Masters of Reality, The Four Horsemen y Wolfsbane, además de The Jesus and Mary Chain. También produjo Electric de The Cult en 1987, un álbum que marcó un punto de inflexión en la carrera de la banda. The Black Crowes debutaron bajo su sello con Shake Your Money Maker, que vendió cuatro millones de copias.
Blood Sugar Sex Magik y la filosofía del estudio
En 1991, Rubin instaló a los Red Hot Chili Peppers en una mansión supuestamente embrujada en las colinas de Los Ángeles para grabar Blood Sugar Sex Magik. La historia cuenta que fue Rubin quien convenció a la banda de incluir una balada que no tenían planeado usar: “Under the Bridge”. Esa canción fue el inicio de su éxito masivo y catapultó el álbum a la estratosfera comercial. La relación de Rubin con los Chili Peppers se extendió durante seis álbumes — incluyendo Californication, By the Way y Stadium Arcadium — que acumularon doce sencillos número uno en las listas de rock alternativo de Billboard y vendieron más de 80 millones de copias a nivel mundial. Tres de esos discos aparecieron en la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos de Rolling Stone.
Pero lo que distingue a Rubin no es solo su lista de créditos. Es su método. A diferencia de productores como Phil Spector, conocido por su “muro de sonido”, o Sam Phillips, asociado al “sonido Sun”, no existe un sello sonoro que pueda llamarse “rubinesco”. Su presencia en el estudio simplemente parece hacer que los buenos artistas sean mejores. No impone un sonido; escucha. No busca singles radiales; busca que cada canción sea lo mejor que puede ser. Anthony Kiedis lo describió como alguien que genera confianza instantánea, un ambiente donde el artista se siente libre de expresar sus ideas más arriesgadas.
Johnny Cash: la resurrección más improbable del siglo
Quizá el capítulo más extraordinario de la carrera de Rubin fue su trabajo con Johnny Cash. A principios de los noventa, Cash estaba en el punto más bajo de su popularidad: su sello lo había dejado caer y el público parecía indiferente a su música. Rubin lo fichó para American Recordings (el nombre con el que rebautizó su sello tras eliminar el “Def”) y en 1994 publicaron American Recordings, un disco grabado con la fórmula más simple posible: Cash, una guitarra acústica y su voz. Fue un éxito de crítica y de ventas que inició una de las resurrecciones artísticas más celebradas en la historia de la música.
La colaboración se extendió a lo largo de seis álbumes de la serie American, incluyendo The Man Comes Around (2002), el último publicado en vida de Cash. Rubin fue quien le sugirió grabar una versión de “Hurt” de Nine Inch Nails, y el resultado — la voz quebrada de un hombre de 70 años cantando sobre arrepentimiento y mortalidad sobre un arreglo despojado — se convirtió en una de las canciones más devastadoras jamás grabadas y en el epitafio musical perfecto para Cash. La serie American le valió a Rubin cinco premios Grammy vinculados directamente a la obra de Cash.
Metal, metal y más metal
La relación de Rubin con el heavy metal nunca se interrumpió. Además de Slayer y Danzig, su lista de créditos en el género incluye el 13 de Black Sabbath (2013), el disco que reunió la formación original de Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward (este último reemplazado en la grabación por Brad Wilk de Rage Against the Machine) y que debutó en el número uno de las listas en varios países. Produjo Death Magnetic de Metallica (2008), un álbum que representó el regreso de la banda a su sonido thrash más agresivo tras el período experimental de los 2000. También trabajó con System of a Down en sus dos álbumes de 2005, Mesmerize e Hypnotize, ambos debutando en el número uno del Billboard 200.
Su trabajo con Metallica fue particularmente revelador de su método. Rubin retó a la banda a escribir riffs más lentos y pesados, a recuperar la agresividad de sus primeros discos sin simplemente repetir fórmulas antiguas. El resultado fue un disco que los fans recibieron como una redención después de años de controversia sonora.
El productor invisible
Lo más desconcertante de Rubin es que, a pesar de haber producido cientos de álbumes en prácticamente todos los géneros imaginables — hip-hop, metal, country, pop, rock alternativo, soul —, su huella es prácticamente invisible. No hay un “sonido Rubin”. Lo que hay es una filosofía: despojarse de todo lo que no sirve a la canción, capturar la verdad de una interpretación en lugar de la perfección técnica, y dejar que el artista llegue a donde necesita llegar, incluso antes de que sepa dónde es.
Tyler, the Creator lo definió con una frase que condensa toda su carrera: “Eres tan malditamente libre”. Viniendo de un artista cuya carrera entera ha sido una serie de provocaciones al mainstream, el halago dice más sobre Rubin que cualquier Grammy.
A los 63 años, Rick Rubin sigue produciendo desde su estudio Shangri-La en Malibú, sigue practicando meditación trascendental, sigue sin leer partituras, y sigue siendo la persona a la que los artistas más grandes del mundo acuden cuando necesitan encontrarse a sí mismos. Feliz cumpleaños al hombre que demostró que la mejor producción es la que no se nota.
Rick Rubin — Frederick Jay Rubin, nacido el 10 de marzo de 1963 en Long Beach, Nueva York, Estados Unidos
Sellos discográficos fundados: Def Jam Recordings (cofundado con Russell Simmons, 1984) | American Recordings (1988, originalmente Def American)
Premios Grammy: 9 victorias, incluyendo Productor del Año (2007, 2009) y Álbum del Año (The Chicks, 2007; Adele, 2012)
Producciones destacadas en metal y rock: Slayer (Reign in Blood, South of Heaven, Seasons in the Abyss) | Metallica (Death Magnetic) | Black Sabbath (13) | System of a Down (Mesmerize, Hypnotize) | Danzig (Danzig, Danzig II: Lucifuge) | Red Hot Chili Peppers (Blood Sugar Sex Magik, Californication, By the Way, Stadium Arcadium) | AC/DC (Ballbreaker) | The Cult (Electric) | The Black Crowes (Shake Your Money Maker)
Producciones destacadas en hip-hop: LL Cool J (Radio) | Beastie Boys (Licensed to Ill) | Run-D.M.C. (Raising Hell) | Public Enemy (It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back) | Jay-Z (99 Problems) | Kanye West (Yeezus) | Eminem | Kendrick Lamar (Mr. Morale & The Big Steppers)
Otras producciones destacadas: Johnny Cash (serie American Recordings) | Tom Petty (Wildflowers) | Adele (21) | Neil Diamond | Ed Sheeran | The Strokes (The New Abnormal) | Mick Jagger (Wandering Spirit)
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