Llegar al Hendrix Bar es en sí una aventura, está lejos de cualquier transporte público popular como el metro o el metrobús, pero si pasan por ahí algunos camiones RTP que cobran apenas unos pesos y te dejarán a unos cuantos pasos de ese pequeño lugar de tres pisos con una escalera metálica custodiada por dos guaruras que se encargan de no dejar pasar ningún arma. Creo, pero por algo te manosean, ¿no?
Pueden decirme loco pero voy a catalogar este lugar como un venue de respeto porque afuera hay varias personas vendiendo merch pirata, eso solamente se ve en lugares de alto prestigio donde saben que la gente irá entusiasta a gastar su dinero, no en pequeños bares de mala muerte, donde el publicó únicamente tiene la opción de comprar la versión original en los puestos de la banda.
Pero bueno, un puñado de personas a las que les valió una reverenda chingada el Super Bowl le cayeron a la avenida Cuitláhuac para darse un taco con increíbles bandas como Nytt Land o Mortiis, proyectos de folk nórdico y dungeon synth respectivamente, para qué horas y digas con razón los metaleros separan su culo, pues no son sonidos para cualquiera.
Nytt Land en el HDX Bar
Nytt Land nos regaló una noche de pura música siberiana a la que estamos poco acostumbrados en la CDMX! A pesar de ello, su folk nórdico salió del escenario entre ovaciones, gritos y aplausos gracias a la magnífica ejecución que tiraron.
Las tremendas atmósferas minimalistas de tambores, cuerdas, flautas, entre otros instrumentos de sus tierras, nos remitieron a complicados y terroríficos paisajes que rompieron la barrera de lo sonoro para penetrar en el de la imaginación.
¿Alguna vez han proyectado su imaginación hasta la vida real, únicamente con un sonido? Fue como recorrer un viejo mapa de videojuegos, uno para viajeros con cientos de pueblos raros, tesoros escondidos, templos, ruinas, misiones secundarias, jefes pequeños, grandes, intermedios o finales. Mientras te adentras en él, más peligros encuentras y más fuerte te vas haciendo.
Bueno, en ese lugar tenebroso y lleno de misterios es por donde nos acompañó la banda de Anatoly Pakhalenko y Natalya Pakhalenko, musicalizado cada una de nuestras batallas, que volviendo de un cachetadón a la realidad, son únicamente contra la sobredosis de humo y peste de los baños del HDX.



Mortiis en el HDX Bar
Lo anterior no está muy alejado de lo que presentó el mismísimo Mortiis, quién solamente necesitó su teclado para poner las cosas de nueva cuenta en camino, después de una pequeña pausa de apenas 10 minutos. En punto, saltó al escenario cuando el Super Bowl tenía una hora de haber terminado con Eagles campeones.
Es increíble que hayan pasado 30 años desde que Mortiis lanzó al mercado el disco Født Til å Herske, una pieza que ponen lo más alto la creación de este músico noruego, el autodenominado dungeon synth. Puede ser complicado de pronunciar, también de escribir o de describir, pero una vez que te adentras en su sonido, es muy fácil que te pierdas en él y no quieras volver a salir en un buen tiempo.
Claro hay un poco de inspiración black metal y algo de dark ambient, pero realmente no es ahí donde encuentra sus principales bases o raíces, simplemente se le conectó porque algunos de sus principales exponentes evolucionaron desde aquella raíz, un buen ejemplo es Mortiis, quién fue parte de Emperor durante un buen rato.
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Pero volvamos a escena, donde un puñado de personas tienen su cerveza en la mano algunos están agarrados porque son pareja, otros tantos simplemente se mantienen como soldaditos de plomo, hombro a hombro, admirando la sucia, opaca y oscura dulzura que hay dentro de aquel hombre enmascarado, un personaje que ya no sabemos si es verdad o mentira, un flautista de Hamelín que nos mantiene absortos.



Es completamente diferente a lo que escuchamos hace unos momentos con tres personas en el escenario haciendo música de la forma más arcaica posible, penetrando también hasta lo más arcaico de nuestro cerebro. Mortiis también lo hace con sus propias manos, pero se ayuda de una pequeña maquinita que no ocupa más de la mitad del escenario, pero que nos arropa y nos da calorcito como si fuera una titánica máquina industrial, cuando de hecho está más cercano a una obra de arte.
Lo suyo es oscuro, no es tan fácil estar en el mismo mundo que Mortiis, pero es mucho más increíble cuando a través de tus propios pensamientos llegas a cruzarte con esas proyecciones fantasiosas que salen de su cerebro hasta su teclado. En algún momento estos dos viajes casi cuánticos logras conectarte con la idea que crees que intenta incrustar con un disco tan experimental como este.
No es un mundo de fantasía como el descrito con la banda Nytt Land, donde las cosas pueden palparse, casi olerse y disfrutarse. Es en realidad un lugar mucho más lejano donde parece que nada existe y al mismo tiempo hay de todo. Música para acompañar tu sexto sentido, música para despertar tu imaginación y llevarte a límites que no sabías que podías explorar únicamente con tu cabeza toda retorcida.
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Una noche increíble para todos los que se dieron cita en el Hendrix Bar, probablemente no se vuelva a repetir en un buen tiempo, tal vez no presenciamos algo así nunca jamás, por eso es valioso escuchar todo tipo de música por más extraño que le parezca a otras personas, si a ti te gusta y si tú lo disfrutas tendrás acceso a muchísima más información que cualquier otro y eso te hace una persona increíble.


