Con Windows 10, y especialmente antes del despliegue de Windows 11, Microsoft tenía en mente un concepto muy claro: Windows es demasiado complicado, tiene demasiadas opciones y con tecnicismos confusos para un usuario medio. Y desde entonces, se han esforzado por simplificar cada uno de estos apartados. Sin embargo, aunque eso haya sido lo planeado, muchos usuarios piensan que ha ocurrido precisamente lo contrario: ahora todo es más caótico.
De hecho, los cambios no han surtido el efecto que se pretendía. El cambio en los nombres de las actualizaciones no ha hecho más que liar a más usuarios, con nombres que no existen de actualizaciones de hace 3 meses. Y nadie sabe exactamente dónde buscar una configuración en concreto, pues puede estar tanto en el Panel de Control como en el de Configuración. Si a ello le añadimos un asistente de IA -Copilot- que está lejos de ser el más eficiente del mercado, desperdigado por cada rincón de nuestro PC, encontramos que tras las medidas para facilitar el uso de Windows, solo encontramos una mayor opacidad.
Los nombres de las actualizaciones ahora son menos reconocibles
Microsoft decidió simplificar la nomenclatura de sus diferentes actualizaciones para Windows 11. Antes, podíamos encontrar nombres como «2020-10 Cumulative Update». Algo que nos decía el mes, el año, si era una versión definitiva o previa. Algo que los usuarios entendían y mediante lo cual se podían hacer una idea de los tiempos de las actualizaciones. Pero ahora eso ha cambiado. Por ejemplo, una actualización de seguridad que lleva el nombre KB5034123 no guarda ninguna relación con su fecha de lanzamiento, con la versión ni con ningún otro contexto.

Por lo tanto, cada vez que nos cruzamos con una actualización de este tipo, no sabemos si estamos ante una actualización de prueba, una versión beta de Windows o una actualización importante de seguridad. Algo que puede convertirse en un verdadero quebradero de cabeza para trabajadores de IT que gestionan centenares de PC en una misma empresa. Y que incluso nos hace preguntarnos qué versión del sistema operativo tenemos. Una simplificación que no ha hecho más que tapar cualquier brújula.
La app de Configuración
La app de Configuración, a la que podemos acceder mediante el atajo Win+I, se encuentra bajo un rediseño constante, pero no termina de explotar debido a una razón muy sencilla: se turna con el histórico Panel de Control de Windows. Hace poco, Microsoft rediseño la página «About», antes clara y directa, y ahora un conjunto de submenús liosos. Igual ocurre con el menú de «Aplicaciones», que sufrió un rediseño completo sin mejora palpable en la interfaz.

Además, la existencia del propio Panel de Control hace que nos encontremos ante un sistema bicéfalo en cuanto a su configuración. Así que cualquier configuración puede acabar duplicada en ambos sitios y nunca nos queda del todo claro en qué lugar puede ser mejor configurar cierto apartado. En el caso de que queramos cambiar una configuración de red… ¿Es mejor hacerlo por Configuración o por el Panel de Control?. Un duplicado de opciones que hace a Windows más confuso que directo.
La obsesión por Copilot
2024 y 2025 han acaparado la total atención de Microsoft hacia la IA. De hecho, es difícil no encontrar Copilot en cualquier parte de Windows 11: en el menú inicio, en el escritorio, en la barra de tareas o incluso en el Bloc de Notas. Sobre el papel, se supone que la IA mejorará nuestra experiencia. Pero en la práctica, Copilot es un botón más dentro de una interfaz que ya está saturada. Microsoft prioriza el hecho de que la IA llegue a casi cualquier rincón sobre el hecho de un sólido funcionamiento de la misma.

Pero lo peor es que, mientras que contamos con Copilot incluso en nuestro Notepad, las cosas básicas que deberían funcionar no lo hacen. Actualizaciones confusas, opciones laberínticas y una IA que necesita una reconversión urgente.
