Las 5 voces más salvajes del nu metal

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El nu metal irrumpió en los 90 como un mazazo que no pedía permiso. Fusionó el peso del metal con la rabia del punk, el groove del hip-hop y una dosis de angustia que resonaba en los suburbios y más allá. Pero lo que realmente le dio vida fue el rugido humano al frente de cada banda: vocalistas que no solo cantaban, sino que desollaban emociones y escupían verdades crudas. Este artículo desmenuza a cinco de ellos, los que convirtieron sus gargantas en armas y definieron un sonido que sigue retumbando décadas después. Aquí no hay mitos ni adornos; solo hechos, nombres y la fuerza de lo que dejaron en el aire.

Jonathan Davis (Korn)

Cuando Korn lanzó su debut homónimo en 1994, Jonathan Davis no solo cantó: destripó su infancia y le puso micrófono a los demonios. Su voz es un alambre de púas, enredándose entre gemidos, scat improvisado y alaridos que parecen arrancados de una pesadilla. En «Blind», su grito inicial —»Are you ready?!»— no es una pregunta, es un puñetazo. Davis trajo al nu metal esa mezcla de vulnerabilidad y violencia que lo separó del metal tradicional. Según las cifras de la RIAA, ese primer disco lleva más de 4 millones de copias vendidas en Estados Unidos, prueba de que su caos conectó con millones.

Corey Taylor (Slipknot)

Corey Taylor llegó con Slipknot en 1999 como un torbellino envuelto en una máscara. Su garganta es un arsenal: gruñidos que raspan como vidrio roto, chillidos que cortan el silencio y líneas melódicas que te agarran desprevenido. En «Spit It Out», pasa de rapear con furia a soltar un alarido que suena a liberación pura. El álbum homónimo de Slipknot, certificado doble platino por la RIAA, no solo vendió copias: desató una legión de fans que encontraron en Taylor un eco de su propio desorden interno.

Chester Bennington (Linkin Park)

Chester Bennington no necesitaba alzar la voz para que la sintieras en los huesos, pero cuando lo hacía, el suelo temblaba. Con Linkin Park, su debut Hybrid Theory (2000) movió más de 10 millones de unidades en EE.UU., según la RIAA, y no fue por casualidad. En «One Step Closer», su «shut up!» final es un latigazo que no pide disculpas. Bennington sabía tejer rabia y fragilidad en una misma línea, haciendo que cada grito sonara como si lo estuviera viviendo en tiempo real. Su rango era un cable vivo, chispeando entre polos opuestos.

Chino Moreno (Deftones)

Chino Moreno no encaja en moldes fáciles, y eso lo hace letal. Con Deftones, su voz flota entre susurros que te erizan la piel y aullidos que revientan parlantes. En «My Own Summer (Shove It)» de Around the Fur (1997), su entrega es un vaivén hipnótico que te arrastra sin que lo veas venir. El disco vendió más de un millón de copias en EE.UU., según la RIAA, y gran parte de eso se debe a cómo Moreno usa su garganta como un instrumento más, tan afilado como las guitarras de Stephen Carpenter.

Fred Durst (Limp Bizkit)

Fred Durst no tiene la técnica de un tenor ni el rugido de un death metalero, pero su voz es puro nervio. Con Limp Bizkit, transformó el enojo juvenil en himnos que llenaron estadios. En «Break Stuff», de Significant Other (1999), su tono desafiante y su flow entre rap y grito encendieron a una generación. Ese álbum superó las 7 millones de copias en EE.UU., según la RIAA, y aunque algunos lo critiquen, nadie puede negar que Durst sabía cómo hacer que una multitud estallara. Su estilo era descarado, directo, y eso pegó duro.

El eco que sigue sonando

Estas cinco voces no solo marcaron el nu metal; lo construyeron desde cero. Davis le dio alma, Taylor le puso caos, Bennington intensidad, Moreno atmósfera y Durst actitud. Sus discos no son reliquias de museo: siguen vivos en playlists, conciertos y en la memoria de quienes encontraron en esos gritos un reflejo de su propio ruido interno. El nu metal no sería lo que es sin ellos, y eso no es opinión, es historia.