
La tokenización podría cambiar cómo se financia el comercio exterior en América Latina, abriendo acceso a liquidez para exportadores que hoy quedan fuera del sistema tradicional.
El comercio exterior en América Latina enfrenta un problema estructural que va más allá de la eficiencia operativa: la falta de acceso a financiamiento. Aunque la región cuenta con una base exportadora diversa, miles de pequeñas y medianas empresas quedan fuera de los circuitos tradicionales por no cumplir con los requisitos de bancos e instituciones financieras. No se trata únicamente de costos elevados, sino de una limitación más profunda: la falta de acceso mismo al capital.
Este problema tiene una dimensión global. Según el Global Trade Finance Gap Survey del Asian Development Bank, existe una brecha de financiamiento en comercio exterior de aproximadamente USD 2,5 billones, equivalente a cerca del 10% del comercio mundial. En términos prácticos, esto representa operaciones que no se concretan, no porque no exista demanda, sino porque el sistema financiero tradicional no logra cubrir las necesidades de capital, especialmente en el segmento de pymes.
Es en este punto donde la tokenización comienza a ganar relevancia. En esencia, este modelo permite convertir activos del mundo real —como facturas de exportación o documentos logísticos— en representaciones digitales que pueden ser fraccionadas y ofrecidas a múltiples inversionistas. Esto abre la puerta a una lógica distinta de financiamiento: en lugar de depender de un solo banco o institución, una operación puede ser financiada por una base más amplia de participantes.
