La IA disparó el precio de la memoria con promesas de compra masiva. El problema es que parte de la demanda nunca estuvo asegurada

La IA disparó el precio de la memoria con promesas de compra masiva. El problema es que parte de la demanda nunca estuvo asegurada

Sin pretenderlo, esta semana Micron, uno de los principales fabricantes de memorias, se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo funciona una corrección cuando el mercado descubre que había dado por seguras demasiadas cosas a la vez.

La compañía venía de presentar unos resultados extraordinarios: en su segundo trimestre fiscal de 2026 declaró unos ingresos de 23.860 millones de dólares y un beneficio por acción diluido de 12,20 dólares, ambos en niveles récord para la empresa. Y, aun así, la acción ha sufrido una fuerte corrección bursátil debido al aumento del gasto de capital anunciado en resultados. Según The Wall Street Journal, perdió casi un 10% en una sola sesión el 30 de marzo, pero ¿por qué? La IA y las promesas al viento tienen mucho que ver…

Si hablan de oro, todos venden palas

La explicación no está tanto en un deterioro inmediato del negocio como en una duda más incómoda: si la demanda futura de memoria para IA sobre la que se construyó parte del relato alcista era tan firme como parecía: en otras palabras, si el mercado convirtió demasiado pronto promesas y previsiones en demanda garantizada.

Durante meses, la tesis pareció incontestable. Si las grandes tecnológicas iban a multiplicar su capacidad de entrenamiento e inferencia, necesitarían cantidades masivas de DRAM y de memoria avanzada para centros de datos. Hasta aquí, todo parece encajar, excepto para los usuarios que estamos viendo precios al alza en RAM, y ahora, también en baterías.

El relato de la IA ofrecía algo todavía más atractivo: la promesa de una demanda estructuralmente más alta, urgente y rentable. Ese marco ganó fuerza en octubre de 2025, cuando Sam Altman firmó cartas de intención (letters of intent) con Samsung y SK Hynix para el proyecto Stargate, con una demanda potencial que podía llegar a 900.000 wafers al mes a medida que el despliegue creciera.

La cifra era lo bastante grande como para reforzar la idea de que la memoria iba a seguir siendo uno de los cuellos de botella más rentables del boom de la IA. Por lo tanto, el mercado respondió como suele hacerlo en estos casos: se adelantó. No esperó a que toda esa demanda se materializara en compras firmes y sostenidas.

Lo que se dio por hecho

El matiz decisivo está ahí desde el principio, enterrado bajo la euforia: los acuerdos eran letters of intent, no contratos vinculantes de compra. Documentos que funcionan como una señal de demanda, pero no como una demanda cerrada ni jurídicamente asegurada.

Y eso es precisamente lo que parece haber ocurrido. La corrección no nace solo de una mala noticia concreta, sino del descubrimiento de que parte de la demanda que se había tratado casi como segura seguía siendo, en realidad, condicional.

No hay una base sólida para afirmar que toda la demanda se construyese sobre la base de Sam Altman y OpenAI, pero sí para sostener que el sector y la bolsa incorporaron señales preliminares como si estuvieran mucho más cerradas de lo que realmente estaban.

Micron reorganizó su negocio

Ahí entra Micron. En diciembre de 2025, la compañía anunció la salida del negocio de consumo de Crucial, su histórica marca de memoria para el canal minorista.

En su comunicado explicó que quería “improve supply and support” (mejorar el suministro y la asistencia) para clientes estratégicos y segmentos de mayor crecimiento.

Reuters tradujo bien la lógica industrial de Micron: abandonaba una parte pequeña de su negocio de consumo para priorizar la producción de chips de memoria avanzados, especialmente los ligados a centros de datos de IA.

La decisión tenía sentido financiero.

Si la memoria más avanzada para centros de datos prometía mayores márgenes y una demanda explosiva, vender RAM al consumidor final dejaba de ser la opción más atractiva. Pero… ha habido un problema. Varios, en realidad.

El problema aparece cuando una compañía, y con ella el mercado, reordena capacidades y expectativas sobre la base de un ciclo que se presume duradero antes de que toda la demanda esté realmente amarrada. Micron es interesante porque muestra hasta qué punto la industria aceptó como muy sólida una narrativa que ahora empieza a agrietarse.

TurboQuant y Abilene vs. demanda infinita

La corrección de marzo no se entiende sin dos golpes casi simultáneos al mismo relato. El primero ha sido tecnológico: el 24 de marzo, Google Research presentó TurboQuant, un sistema de compresión que, según la propia compañía, permite reducir de forma muy drástica la memoria necesaria en ciertas cargas de trabajo de IA.

Google habla de compresión masiva y de una reducción de alrededor de seis veces en la memoria usada por la KV cache en los casos descritos. El mensaje para las bolsas fue claro: incluso si la IA sigue creciendo con fuerza, la cantidad de memoria necesaria por carga puede no hacerlo al ritmo que se había supuesto.

El segundo golpe fue financiero e industrial. El 6 de marzo, Bloomberg informó de que Oracle y OpenAI habían cancelado la ampliación prevista del centro de datos de Abilene, en Texas, tras unas negociaciones prolongadas por la financiación y por las cambiantes necesidades de OpenAI.

De pronto, la historia dejaba de ser la de una expansión lineal, automática e infinita. Empezaba a parecerse más a lo que suele ser cualquier ciclo intensivo en capital: una combinación de ambición, revisión de previsiones y riesgo.

The Wall Street Journal ha informado de que, además de Micron, han retrocedido otras compañías ligadas a memoria y almacenamiento tras el anuncio de TurboQuant: se había dado por descontado que la escasez de memoria para IA iba a ser casi permanente.

Pese a la caída, Micron no está en problemas por falta de demanda: sus resultados recientes apuntan justo a lo contrario. Sin embargo, el mercado duda sobre la duración del ciclo: cuánto de esa expectativa de crecimiento ya estaba sobrepagada en bolsa y cuánto dependía de una visión demasiado lineal del futuro.

Reuters comentaba, tras los resultados presentados en marzo, que parte de esta incertidumbre venía también por el aumento del capex, con 5.000 millones de dólares adicionales previstos para el ejercicio fiscal 2026 y más gasto esperado en 2027.

En conclusión, queda claro que la lección va más allá de Micron. La fiebre por la IA no se ha terminado, pero el episodio de la memoria muestra cómo el mercado puede convertir señales potentes en certezas antes de tiempo: primero, porque amplifica una expectativa; después, ya reorganiza datos y estrategias y, por último, corrige con dureza. En ese sentido, la caída de Micron no habla de chips, sino del fin de otro relato: el de la demanda infinita de la IA.

Foto: Flickr 


La noticia

La IA disparó el precio de la memoria con promesas de compra masiva. El problema es que parte de la demanda nunca estuvo asegurada

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El Blog Salmón

por
Javier Ruiz

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