Irán y Venezuela podrían “darle” a EEUU el control de casi la mitad de todo el petróleo del mundo: el oro negro en cifras

Irán y Venezuela podrían “darle” a EEUU el control de casi la mitad de todo el petróleo del mundo: el oro negro en cifras

Los movimientos geopolíticos de los últimos meses han vuelto a situar al petróleo en el objeto de deseo del tablero internacional. Y ya no solo como materia prima estratégica, sino como herramienta de influencia económica y política.

La combinación de cambios políticos, sanciones, posibles transiciones de poder y el peso de las grandes empresas energéticas occidentales tanto en Venezuela como en Irán, abre a día de hoy un escenario inédito.

De materializarse determinados acontecimientos, Estados Unidos podría pasar a influir directa o indirectamente sobre cerca del 50% de las reservas probadas de petróleo del mundo, una cuota comparable a la que llegó a concentrar la OPEP en sus momentos de máximo poder.

Venezuela, el gigante dormido del crudo

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, con alrededor de 300.000 millones de barriles, según datos de organismos internacionales.

Durante años, este volumen colosal ha estado infrautilizado debido al deterioro de la infraestructura, la falta de inversión y el aislamiento financiero. Sin embargo, el potencial productivo del país sigue intacto sobre el papel.

En términos de producción, Venezuela llegó a bombear más de 3 millones de barriles diarios a finales del siglo pasado. Hoy, esa cifra es muy inferior, aunque con inversión, tecnología y estabilidad política podría recuperar varios millones de barriles diarios en pocos años.

El interés de empresas estadounidenses en este proceso sitúa a Caracas como una pieza central en el equilibrio energético futuro.

Desde el punto de vista de las reservas, el control indirecto de Venezuela supone para Washington un salto cuantitativo enorme. Solo este país concentra cerca del 19 % del petróleo mundial técnicamente recuperable, un dato que explica por qué su evolución política tiene un impacto inmediato en los mercados.

Irán, el otro pilar del rompecabezas energético

Irán ocupa el tercer lugar mundial en reservas probadas, con unos 209.000 millones de barriles de crudo.

A diferencia de Venezuela, el país mantiene una capacidad productiva más activa, situada en torno a los 3,5 millones de barriles diarios, aunque muy condicionada por las sanciones internacionales.

Su potencial real supera los 4 millones de barriles diarios si se levantaran las restricciones y se normalizara su acceso a los mercados.

La posible caída del régimen iraní o un giro hacia un gobierno más alineado con Occidente tendría consecuencias sísmicas.

No solo permitiría un incremento progresivo de la producción, sino que reconfiguraría por completo las alianzas energéticas en Oriente Medio, desplazando el centro de gravedad del crudo global.

Para los mercados, Irán representa tanto un riesgo como una oportunidad. Cualquier interrupción del suministro tendría un efecto inmediato al alza en los precios, mientras que una normalización podría aumentar la oferta mundial de forma sostenida y moderar tensiones inflacionarias.

El peso de Estados Unidos en las reservas globales

Estados Unidos cuenta con algo más de 40.000 millones de barriles de reservas probadas propias, una cifra relevante pero muy inferior a la de los grandes productores tradicionales.

Sin embargo, al sumar su influencia sobre Venezuela y un hipotético escenario favorable en Irán, la magnitud cambia radicalmente.

De acuerdo con estimaciones de entidades financieras como JP Morgan, el control directo e indirecto de reservas por parte de Estados Unidos ya ronda el 30% del total mundial. 

La incorporación de Irán elevaría ese porcentaje hasta niveles cercanos al 50%, especialmente si se consideran otros yacimientos donde operan grandes compañías estadounidenses, como Guyana.

A este bloque se añade Canadá, uno de los países con mayores reservas del mundo y aliado estratégico histórico de Washington, lo que refuerza aún más la capacidad de influencia norteamericana sobre el suministro global.

Un mercado dividido en grandes bloques

En el otro lado del tablero aparecen actores como Arabia Saudí, con unos 267.000 millones de barriles en reservas, Irak con cerca de 200.000 millones, Emiratos Árabes Unidos con más de 100.000 millones y Rusia con alrededor de 80.000 millones.

Este reparto dibuja un mercado fragmentado en grandes áreas de influencia, más que en alianzas estables y homogéneas.

Aunque países como Arabia Saudí o Emiratos mantienen relaciones fluidas con Estados Unidos, su política energética no siempre coincide con los intereses occidentales.

El equilibrio entre competencia y cooperación es clave para entender si estos bloques rivalizan por cuota de mercado o buscan acuerdos tácitos para maximizar beneficios, como ocurrió en el pasado con la OPEP.

Producción, precios y riesgos a corto plazo

En el corto plazo, la principal preocupación del mercado es la continuidad del suministro. Irán produce actualmente cerca de 3,5 millones de barriles diarios, y cualquier conflicto interno o regional podría poner en riesgo una parte significativa de esa oferta.

Además, el Estrecho de Ormuz, por donde transita una gran parte del petróleo mundial, sigue siendo un punto extremadamente sensible.

No es casual que el crudo Brent haya registrado subidas superiores al 5 % en momentos de máxima tensión reciente. Los inversores descuentan escenarios de interrupción, incluso cuando las exportaciones no se han visto aún afectadas de forma directa.

Más allá de los precios, lo que está en juego es el control estratégico del oro negro.

Imágenes | Unplash, AP


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Irán y Venezuela podrían “darle” a EEUU el control de casi la mitad de todo el petróleo del mundo: el oro negro en cifras

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El Blog Salmón

por
Sergio Delgado

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