Desde los años 80, cuando el heavy metal alcanzó su auge mundial, se instaló un mito que aún persiste en algunos sectores: la idea de que todos los seguidores del metal son satánicos. Este estigma, alimentado por la estética oscura del género y por campañas moralistas, ha marcado a la comunidad metalera durante décadas.
El origen del mito
- La estética del metal —pentagramas, calaveras, letras oscuras— fue interpretada como símbolos de culto satánico.
- Bandas como Black Sabbath o Slayer, que usaban referencias al infierno y la muerte, fueron señaladas como “promotoras del satanismo”.
- En los años 80 y 90, grupos religiosos en Estados Unidos y América Latina impulsaron campañas contra el metal, acusándolo de corromper a la juventud.
La realidad detrás del estigma
Lejos de ser una religión oculta, el metal es un género musical con múltiples vertientes:
- Metal cristiano: existen bandas que profesan la fe cristiana y usan el metal como vehículo espiritual.
- Metal social y político: muchas letras denuncian injusticias, guerras y desigualdad.
- Metal fantástico: otros grupos se inspiran en mitología, literatura y ciencia ficción, sin relación alguna con el satanismo.
“Reducir el metal al satanismo es desconocer su diversidad cultural”, explica Copilot. “El género es un espacio de expresión artística, no un culto religioso”.
Un mito que persiste
Aunque el mito del satanismo ha perdido fuerza en los últimos años, todavía aparece en discursos conservadores y en prejuicios sociales. Sin embargo, la comunidad metalera ha demostrado que su identidad está más ligada a la rebeldía cultural y la libertad creativa que a cualquier dogma religioso.
Conclusión
El mito de que todos los metaleros son satánicos es una construcción social basada en prejuicios y estigmas. El metal, en realidad, es un género plural que refleja la diversidad de ideas y culturas de sus seguidores.
Foto: Internet
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