El 1 de agosto de 2018, la Unión Matemática Internacional celebraba su Congreso en Río de Janeiro. Como cada cuatro años, hicieron entrega de la prestigiosa Medalla Fields, el «Nobel de las Matemáticas» como se la suele apodar. En esa ocasión recayó en Caucher Birkar, un kurdo-británico, por sus contribuciones a la geometría algebraica. Minutos después de la ceremonia, le tangaron el maletín, medalla incluida. ¡Adiós, medalla!
Aunque el maletín apareció poco después, no había ni rastro de la medalla. El galardón es una pieza de unos 150 g que tiene un busto de Arquímedes en el anverso y el texto CONGREGATI EX TOTO ORBE MATHEMATICI OB SCRIPTA INSIGNIA TRIBUERE en el reverso («Reunidos desde todas partes del mundo, los matemáticos conceden [esta medalla] a escritos sobresalientes». Su valor «al peso» era entonces de unos 5.000 ó 6.000 euros, pero indudablemente su valor sentimental, simbólico e histórico era incalculable.
La medalla original nunca se encontró, a pesar de la investigación policial y la búsqueda por todas partes. Y aunque Birkar le quitó hierro al asunto, diciendo que «el reconocimiento científico no depende de un objeto físico» la Unión Matemática, muy enrollada, encargo otra medalla para reemplazarla y entregársela.
Aunque no recuerdo haber escuchado esta anécdota en su momento, la he descubierto ahora en A Fake Fields Medal, de Numberphile, donde cuentan cómo los galardonados del Nobel pueden encargar réplicas chapadas en oro por unos 400 o 500 euros para no tener que llevarse el medallaco de 18 quilates cada vez que van de viaje y quieren presumir de ella ante a los colegas o enseñársela al público en conferencias. La medalla del Fields, por cierto, tiene 23 quilates (más que la del Nobel).
