El Baño del Diablo, una escalofriante drama psicológico realista e incómodo

El Baño del Diablo


4.5
Reviewer

Calificación

No cabe duda de que una de las duplas más llamativas en el terror reciente es, sin duda, la de los austriacos Severin Fiala y Veronika Franz, que buscan sorprender nuevamente con El Baño del Diablo, después de que en el 2014 impactaron al mundo con la cruda Dulces Sueños, Mamá. Ahora, cuentan otra historia dramática que deriva en el terror inevitablemente, no por algún elemento sobrenatural o por alguna posesión, sino simplemente por mostrar una cruda realidad que parece seguir repitiéndose hoy en día con las mujeres.

De que trata El Baño del Diablo

Creando un drama histórico tremendamente atmosférico, El Baño del Diablo se enfoca en el relato de una joven recién casada en el año 1751. Su nombre es Agnes (Anja Plaschg),  misma que, después de uan introducción bastante impactante, toma escena para contarnos su triste vida. Y es que aunque pareciera que todo fluye de maravilla con boda en mano, esperando cumplir con su meta como esposa y tener un hijo, resulta que todo comienza a salir mal gracias a la presión social y a los secretos que rondan en el bosque austriaco. 

Uno de los grandes logros de El Baño del Diablo es, sin duda, la cuestión atmsoférica que maneja a su alrededor. Gracias a una excelente labor en la fotografía del filme, en donde las habitaciones se vuelven más pequeñas y el panorama que habita Agnes se torna sofocante hasta la asfixia, podemos sentir la angustia que va mermando, física y psicológicamente, a esta joven que pasa poco a poco de la alegría del momento más feliz de su vida a la depresión e insanidad desperanzadora y gris de su relación y el mal ojo de quienes la rodean. 

Algo que resaltan Fiala y Franz en este filme es el realismo de sus imágenes. La seguimos a través de los paramos, de los bosques secos, de la neblina y de una naturaleza que poco a poco se convierte en un reflejo del terrible encierro que su mente y su ser está viviendo. La frustración de la joven al no complacer a su marido, Wolf (David Scheid) y el desdén de su familia al no darle un heredero así como un secreto muy oscuro detrás de ello, provoca que los factores sociales que la rodean devoren poco a poco su fe y su voluntad.

Anja Plaschg muestra un escalofriante deterioro psicológico en El Baño del Diablo. Foto: Cine Canibal
Anja Plaschg muestra un escalofriante deterioro psicológico en El Baño del Diablo. Foto: Cine Canibal

Otro aspecto interesante de la obra dirigida y escrita por los cineastas austriacos a partir de una tremenda investigación realizada previamente es la religión. Muy similar a como Robert Eggers hace del fanatismo religioso el detonante para que el Diablo visite a la familia en La Bruja (2015), aquí Fiala y Franz le dan un elemento de presión tremendo que se va deteriorando. Asimismo, el retrato de la madre de Wolf, Gänglin (Maria Hofstätter), un rol sobreprotector de su hijo que siempre se va encima de las decisiones y actos de Agnes, van haciendo de la historia una espiral decadente para la protagonista hasta que llega a lo imperdonable. 

Plaschg captura de forma estupenda la angustia de Agnes, que va perdiendo la compostura al no encontrar respuesta a sus plegarias con la insatisfacción sexual, la infelicidad del nuevo hogar y la subversión de una naturaleza que, antes amable y linda con ella, pareciera tornarse en violenta. De alguna forma, la actriz sabe transmitir ese dolor de forma callada, austera, donde las lágrimas que no son escuchadas por su esposo son compartidas por la audiencia que entiende la impotencia que vive diariamente. 

La mirada realista de Franz y Fiala provoca impactantes imágenes en El Baño del Diablo. Foto: Cine Canibal
La mirada realista de Franz y Fiala provoca impactantes imágenes en El Baño del Diablo. Foto: Cine Canibal

Su rompimiento lento en El Baño del Diablo llega hasta un punto de no retorno, donde los secretos y todo se convierte en algo inexorable. Es aquí donde también brilla el talento de nuestra protagonista, pues Anja con su agrupación, Soap&Skin, es la encargada de crear la angustiante sensación que la protagonista pasa. Muy al estilo del trabajo en cintas como Hagazussa (Feigelfield, 2017), logrando que esa sofocante atmósfera se contagie,c reando una antítesis del cuento de hadas y dejando de lado la fantasía para vivir una inexorable realidad dura.

Otro gran logro es que, a pesar del gran manejo que los directores tienen del suspenso, El Baño del Diablo no se inclina en crear algo así, sino que simplemente representa casi como un documental ficcionado la ruda realidad de muchas mujeres y toda la presión que enfrentan. El grado al que llega produce un odio propio en la protagonista. Además, la terrible secuencia climática nos muestra el punto tan oscuro por el que Anja termina andando y cómo, con la única elección que puede tomar, ella decide escapar a su manera abrazando las terribles consecuencias. 

La naturaleza y la atmósfera poco a poco se vuelven sofocantes para Agnes y la audiencia. Foto: Cine Canibal
La naturaleza y la atmósfera poco a poco se vuelven sofocantes para Agnes y la audiencia. Foto: Cine Canibal

El Baño del Diablo entonces se convierte en un estudio psicológico intenso sobre la depresión, los ideales suicidad y cómo puedes caer en las entrañas del infierno sin necesidad de que sea algo sobrenatural. Porque, para Anja, el infierno lo vive dentro de ella, en el liugar que habita, donde todo lo que amaba y conocía deja de hacerlo. Esa soledad, esa tristeza, deriva en la decisión final de Agnes en un final que provocará conversaciones e incluso sensaciones de incomodidad. 

Sin ser condescendiente con aquellas víctimas que alguna vez padecieron lo que nuestra protagonista pasó, la cinta suelta el mordaz ultimo golpe donde la bella y poética belleza de la protagonista se torna en un corrompido acto de violencia emocional y física dolorosa de ver, pero que sirve como reflexivo testimonio de cómo, incluso en nuestros tiempos modernos, el verdadero diablo se esconde en esos detalles donde el quiebre de una mente y la presión social son el caldillo perfecto para callar la boca de aquellas que sufren diariamente sin encontrar escapatoria.