De las gafas retro de Sánchez a las ‘top gun’ de Macron. O cómo los políticos quieren camuflar su mensaje político en detalles que terminan acaparando los titulares

De las gafas retro de Sánchez a las ‘top gun’ de Macron. O cómo los políticos quieren camuflar su mensaje político en detalles que terminan acaparando los titulares

En política y cada vez más, el mensaje se construye también en los pequeños detalles: gestos, silencios, la propia imagen. La indumentaria se ha convertido en una poderosa herramienta de comunicación que responde a decisiones cuidadosamente pensadas para reforzar un relato, proyectar autoridad o marcar distancias.

Las gafas de aviador de Macron

La aparición de Emmanuel Macron con unas gafas de sol durante su intervención en el último Foro Económico Mundial de Davos no ha pasado desapercibida.

El modelo elegido, de estilo aviador y fabricación francesa, ha generado más titulares que muchos temas tratados en esta cita internacional. Tanto fue así que incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo referencia a ellas públicamente, convirtiendo un detalle estético en tema de conversación internacional.

El impacto ha sido inmediato también para la marca fabricante, que ha experimentado un crecimiento notable en visibilidad y ventas tras la aparición del presidente francés. Un ejemplo claro de cómo la política puede actuar cómo escaparate comercial involuntario (o no).

Aunque posteriormente se explicó que el uso de las gafas respondía a una lesión ocular leve, el contexto en el que se utilizaron y el modelo escogido añadieron, como no podía ser de otra manera, una lectura simbólica inevitable.

El diseño evoca autoridad, firmeza y una cierta estética asociada al liderazgo militar. Lo que refuerza el mensaje político que se quería transmitir en un entorno tan cargado de simbolismo como Davos.

Comunicación no verbal y construcción de liderazgo

La elección de un complemento nunca es neutral en política. Las gafas de sol, en particular, cumplen una función comunicativa muy clara: ocultan la mirada, reducen la lectura emocional del rostro y proyectan distancia.

En un escenario internacional, ese gesto puede interpretarse como una forma de control, de firmeza o incluso de intimidación.

El modelo aviador que lució Macron está históricamente vinculado a valores como la acción, el mando y la determinación. Su uso en un foro donde predominan los códigos sobrios y conservadores rompió con la estética habitual, reforzando una imagen de liderazgo seguro y calculado. El mensaje no estaba solo en el discurso, sino en la imagen que lo acompañaba.

Además, el hecho de mantener las gafas durante toda la intervención reforzó esa sensación de control del entorno.

Las gafas retro de Sánchez

Meses antes, Pedro Sánchez protagonizó una escena similar durante su comparecencia en el Senado por el caso Koldo. En aquella ocasión, el foco no estuvo en unas gafas de sol, sino en unas gafas de pasta negra de estética retro que no suelen formar parte de su imagen habitual. Un modelo concreto, de firma reconocida y diseño sobrio, que llamó la atención.

El gesto fue analizado desde el punto de vista del lenguaje corporal. Durante la intervención, el presidente utilizó las gafas como un elemento de apoyo gestual, manipulándolas, colocándolas y retirándolas estratégicamente.

Este tipo de comportamiento no es improvisado. El uso consciente de un objeto como este, permite canalizar la tensión, reforzar mensajes clave y desviar la atención de expresiones faciales que podrían delatar incomodidad. Y la comparecencia del presidente era de todo menos cómoda.

La moda política como lenguaje histórico

El uso de la indumentaria como vehículo político no es nuevo. A lo largo de la historia, la propia ropa ha servido para transmitir ideología, pertenencia y poder.

Desde el jersey de cuello alto de Adolfo Suárez hasta las americanas de pana de Felipe González, pasando por la chaqueta de lana de Marcelino Camacho o los fulares de José María Aznar, cada elemento ha contribuido a construir una imagen pública determinada.

En décadas posteriores, figuras como Carmen Chacón rompieron moldes al adoptar estilismos tradicionalmente masculinos, mientras que otros dirigentes apostaron por prendas icónicas que acabaron formando parte del imaginario colectivo.

A nivel internacional, los estilismos de Michelle Obama, los mensajes implícitos en la vestimenta de Melania Trump o el simbólico traje blanco de Kamala Harris sin solo algunos ejemplos que confirman que la moda en política sigue siendo una herramienta de comunicación con poder.

Cuando la estética es y era un acto político

Nada es nuevo. Ya en el siglo XIX, durante el Romanticismo, la indumentaria cumplía una función política evidente. En los salones de la aristocracia madrileña, las mujeres utilizaban joyas y complementos para expresar ideología en una época en la que no podían participar directamente en la vida pública. Brazaletes, abanicos y pequeños detalles ocultaban mensajes que solo unos pocos sabían interpretar.

El abanico, por ejemplo, se convirtió en un auténtico código de comunicación, capaz de transmitir estados de ánimo, posicionamientos políticos o incluso alianzas.

Los colores también desempeñan un papel fundamental en la construcción del relato político. El azul transmite estabilidad, liderazgo y confianza, motivo por el cual es uno de los más utilizados en entornos institucionales. El rojo sugiere fuerza y determinación, mientras que el verde suele asociarse a serenidad o a determinadas corrientes ideológicas.

En España, cómo no, el uso de determinados colores no es casual. Desde las corbatas hasta los trajes, todo responde a una estudiada comunicación.

Imágenes | Pixabay, Vanitatis


La noticia

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El Blog Salmón

por
Sergio Delgado

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