Ha fallecido hoy a los 68 años Scott Adams (1957-2026), un artista conocido por ser el creador de Dilbert, el entrañable ingeniero que sufría en su cubículo el día a día de una empresa tan descerebrada como la mayoría de las «grandes corporaciones». Según la información, la causa ha sido un cáncer.
Recuerdo que las tiras de Dilbert eran tan fascinantes que cuando las descubrí a principios de los 90 moví cielo y tierra para sindicarlas en la revista en la que trabajaba en aquella época (Macworld, en su versión española). Tuvimos la suerte de encontrar a la siempre amable Ana Mur en una agencia de Barcelona que se había hecho con los derechos y pudimos acordar la publicación, una tira al mes, por un precio razonable. Había mucho más material que se publicaba semanalmente, de modo que teníamos la suerte de poder elegir las tiras que nos parecían más graciosas o más «informáticas». Quedó una buena selección.
Con el tiempo, Dilbert llegó a estar sindicado en 800 periódicos y revistas en diversos idiomas. Su Principio de Dilbert se hizo famoso, no tanto como la Ley de Murphy pero casi. Su Teorema del Salario de Dilbert también resultaba jocoso. Se publicaron múltiples libros recopilatorios y especiales; pasó de los cuatro paneles en blanco y negro a página completas a color.
Adams se había inspirado para Dilbert en sus años en Pacific Bell, una compañía que sería algo así como el equivalente a Telefónica en España. Así que imagina el realismo de las historias (doy fe). Sobre cuán autobiográfico resultaba Dilbert, Adams decía que Dilbert era un 37% como su creador. Años más tarde, publicó varios libros de ensayo, entre ellos Los escombros de Dios que, la verdad, estaba curioso aunque era más filosofía personal que otra cosa. Me quedo con estos párrafos:
Si la gente realmente creyera en Dios, dedicarían cada minuto de sus vidas en favor de esa creencia. Los ricos darían sus bienes a los necesitados. Todo el mundo se volvería loco para determinar cuál de las religiones es realmente la verdadera. Nadie estaría satisfecho sabiendo que tal vez hubieran elegido la religión incorrecta, arriesgándose a la condena eterna, o a una mala reencarnación o cualquier otra impensable consecuencia. La gente dedicaría sus vidas a convertir a los otros a su religión. Creer en Dios demandaría un cien por cien de devoción obsesiva, que influenciaría cada momento de su vida en la tierra (…) La gente dice que cree en Dios, pero literalmente no creen. Sólo actúan como si hubiera cierto beneficio en creer (…)
No llegué a leer muchos de sus últimos recopilatorios por nada en especial; simplemente pasé a leer otras cosas, o no resultaba fácil acceder a ellas. Me consta que hicieron una serie de animación con los personajes: Dilbert, Dogbert, Catbert, Rartbert, el Jefe Pelopunta, Wally, Alice, Asok y otros.
Según se puede leer la historia personal de Adams se complicó cuando empezó al polarizarse de forma extrema en la época de Donald Trump, hacia 2015. Cayó en las teorías conspiranoicas de negación del Holocausto, de negación de las vacunas de la covid y demás. Fue «cancelado» y suspendieron la publicación de sus tiras cómicas por sus declaraciones al respecto.
Adams había padecido distonía focal, algo que afectaba a su capacidad de hablar y que sorprendentemente alivió mediante rimas. Pero, trágicamente, en 2015 empeoró y ese trastorno de los músculos y el movimiento le impedía ya continuar con el trabajo de dibujo, aunque siguió escribiendo guiones. Se divorció, se casó de nuevo y volvió a divorciarse; uno de sus dos hijos murió en 2018 de sobredosis de fentanilo. Y él ha muerto relativamente joven. Supongo que no fue el mejor final posible.
Como recuerdo, concordemos en que es casi imposible no sentirse identificado con Dilbert y su entorno a lo Trabajo Basura con personajes propios de The Office si trabajas en cualquier sitio de más de 150 empleados. Las corporaciones y el mundo son así.
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