Cuando el burnout se adueña de tu liderazgo

Cuando el burnout se adueña de tu liderazgo

Hay un momento en la vida de muchos líderes en el que ya no sabemos distinguir si estamos cansados por trabajar mucho, o vacíos por haber perdido el sentido de lo que hacemos. Lo confuso es que por fuera todo sigue funcionando: los números dan, la gente te felicita. Pero algo adentro se apaga y uno se acostumbra. Y como puedes con todo, te repites que “todo está bien”.

Así empezó lo mío. Con el orgullo de sentirme capaz de resolver cada cosa que caía en mis manos, hasta que esa misma capacidad se volvió la razón para que otros dejaran en mí lo que no querían cargar. Y yo, en lugar de poner límites, seguía levantando la mano. Decir que sí era más fácil que detenerme a pensar si realmente podía, o si realmente quería.

Descansar dejó de ser prioridad; dormir pasó a segundo plano, comer bien se volvió un lujo, y yo me repetía: “es temporal”. “Cuando pase esta temporada” recuperaré mi vida. No vi que lo temporal ya era permanente.

Luego empezó lo sutil: lo cotidiano incomoda sin razón. Te irritan cosas que antes ni notabas y contestas con más dureza, con menos paciencia. No es solo cansancio; es una desconexión contigo mismo. Después llegó la evitación. Empecé a esquivar conversaciones, a posponer decisiones, a inventar razones para no estar. 

La parte más dolorosa fue cuando único que quería era que terminara el día para dejar de sentir que todo me costaba. Y aun así seguía entregando resultados. Ese contraste es brutal: estás roto, pero funcionando.

Un día ya no me reconocí. Ahí entendí que el problema no era la carga de trabajo: yo me había ido desapareciendo detrás de un personaje profesional que sabía cómo liderar, pero había olvidado cómo vivir (tenía burnout).

Decidí cambiar la forma de estar a cargo. Solté esa idea absurda de que un líder vale más cuando puede con todo. Entendí que acompañar a otros también significa aprender a acompañarme; que construir equipos no debe ser para aliviar mi carga, sino para que todos puedan sostenerse; y que planear no es controlar, sino elegir hacia dónde dirigir mi energía antes de que se disperse.

Y lo comparto por si te suena. Antes de romperte por mantenerte firme, pregúntate si el costo de “funcionar” también incluye dejar de ser tú. Si hoy sigues cumpliendo, pero ya no te enciendes, tal vez no estás cansado… tal vez te estás perdiendo.

  1. Audita tu energía. Durante una semana identifica qué te drena y qué te devuelve foco; luego recorta o delega una cosa concreta. Si no puedes mover nada, tu agenda te está moviendo a ti.
  2. Pon límites visibles. Define reglas claras: “sin agenda no hay junta”, “después de X hora no respondo”, “esto se decide el martes”. 
  3. Vuelve a ti antes de volver al rendimiento. Recupera una rutina mínima diaria: caminar, comer sentado, 30 minutos sin pantallas, una conversación sin hablar de trabajo. 

A veces el verdadero liderazgo no empieza haciendo más, sino dejando de abandonarte en el intento. ¿Te hace sentido? Nos leemos pronto.

Lo último:

The post Cuando el burnout se adueña de tu liderazgo appeared first on Alto Nivel.