Hacía tiempo que no veía una charla TED porque se volvieron un poco… de aquella manera; autoayuda, superación y explicación de obviedades (¿dónde quedó aquello de la Tecnología, Entretenimiento y Diseño?) Por eso me ha alegrado el día escuchar a Emily Kate Genatowski, una historiadora que llevó a cabo un experimento práctico y real como la vida misma: convivir durante un año con un robot humanoide en casa. ¿Qué podría salir mal?
Hay que aclarar primero que el robot es muy capaz: un modelo Unitree G1 EDU-1 con lídar 3D, cámaras de visión y profundidad, micrófonos y un LLM propio. En casa lo llaman, cariñosamente, Tova. Las lecciones que han aprendido de esa convivencia son bastante… terrenales.
- Hay que adaptar la casa (y el seguro) para el robot. Aunque el robot detecta obstáculos, también gesticula y a veces es inconscientemente torpe: muchos objetos valiosos peligran, como comprobó la dueña al ver romperse no pocas tazas, jarrones y todas sus copas de vino. La idea de ampliar la póliza del seguro para incluir al robot fue misión imposible, porque en la aseguradora se pensaron que llamaban para gastar una broma. Nunca habían oído hablar de «seguros para robots domésticos».
- Transportar el robot es un espectáculo. El robot pesa unos 60 kg y viaja doblado dentro de una enorme caja negra de madera. A simple visto, cualquier se imagina que está intentando esconder un cadáver, como en las películas. De hecho eso le dijeron cuando intentó subirlo a un taxi de madrugada para acudir con él a un programa de televisión.
- No todo el mundo quiere robots cerca. Algunos amigos quieren ver al robot en sus fiestas, porque es algo nuevo y divertido… pero otros prefieren que ni aparezca cerca de allí. Su dueña ha aprendido que es mejor no llevarlo cerca de colegios, a casas con niños pequeños, a iglesias… En el futuro habrá que definir dónde pueden entrar y dónde no, como se hace con los perros hoy en día.
- El robot también puede ir a trabajar. Genatowski cuenta que un amigo abrió una cafetería y probaron a llevarlo para que ayudara en tareas sencillas; lo hizo bastante bien. ¿Debería ganar un sueldo? Y si aumenta la productividad… ¿debería pagar impuestos directos o indirectos?
- Los robots sacan lo mejor y lo peor de la gente. Hay dos mundos contrapuestos: en uno una madre animaba a sus hijos a hablar con el robot y preguntar qué había que estudiar para trabajar con ellos. Al día siguiente, un señor mayor intentó arrancarle el brazo (cabra vibes) con la excusa de darle «un buen apretón de manos». La gente también se decepciona, porque Tova es real y limitado y, obviamente, no tan listo como C-3PO o el Comandante Data.
La historia de la tecnología tiene una parte en la que se producen avances sobre el papel, en los laboratorios o en entornos controlados y otra a veces muy distinta cuando los productos salen al MundoReal™.
¿Deben los robots pagar un asiento si viajan sentados en un avión? (sí, ocupan plaza) ¿Deben pagar por entrar al Metro? (mmm…) ¿Quién es el responsable si en una tienda rompen los productos de una estantería porque alguien les ha dicho «¡Hola!» y contestan saludando con la mano? (¿el dueño? ¿el fabricante?)
Se suponía que esto era el futuro, pero es probable que el apocalipsis robótico esté todavía muy, muy lejos.
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