Las 5 canciones más tranquilas de Megadeth

Hablar de Megadeth es adentrarse en un torbellino de riffs afilados, baterías que golpean como martillos y una furia que definió el thrash metal desde los ochenta. Sin embargo, detrás de esa avalancha sonora, la banda liderada por Dave Mustaine ha sabido tejer momentos donde la velocidad cede terreno a la pausa. No son muchos, pero existen, y demuestran que incluso en el caos hay espacio para respirar. Este artículo no busca exaltar lo evidente, sino desenterrar esas piezas que bajan las revoluciones sin sacrificar la esencia de una agrupación que rara vez se detiene.

El criterio aquí no es caprichoso: se trata de identificar canciones donde el pulso se relaja, donde los instrumentos dan un paso atrás para dejar que la melodía o la atmósfera tomen el timón. No esperes baladas empalagosas ni desvíos radicales; esto sigue siendo Megadeth, y hasta en sus instantes más serenos hay un filo que corta. Con tres décadas de discografía a cuestas, estas cinco elecciones reflejan esos respiros que, aunque escasos, muestran otra cara del cuarteto que ayudó a construir el género.

1. «A Tout le Monde» (Youthanasia, 1994)

El primer compás ya lo deja claro: esto no es un sprint, sino un paseo por un terreno sombrío. La guitarra traza líneas lentas, casi como si Mustaine quisiera detener el tiempo para reflexionar. La letra, escrita desde la perspectiva de alguien que se despide, encaja con el ritmo pausado que sostiene la canción. No es un secreto que esta pieza nació en un momento personal complicado para el vocalista, y esa carga emocional se siente en cada nota. Aunque el solo acelera un poco las cosas, el esqueleto de la canción mantiene una calma que la distingue en el catálogo de la banda.

2. «Promises» (The World Needs a Hero, 2001)

Aquí hay un giro inesperado: cuerdas orquestales que se cuelan entre las guitarras. La introducción marca el tono, con una delicadeza que parece sacada de otro universo musical, pero que Megadeth hace suya. El tempo se mantiene contenido, dejando que la voz narre una historia de pérdida sin apurar el paso. Es una rareza dentro de un álbum que buscaba recuperar el peso metálico tras experimentos previos, y justamente por eso sobresale. La mezcla de melancolía y control la convierte en un oasis dentro de la discografía.

3. «Breadline» (Risk, 1999)

Risk es un disco que divide aguas, y no sin razón: la banda viró hacia un rock más pulido, alejándose del thrash que los forjó. «Breadline» es hija de esa etapa, con un ritmo que camina en lugar de correr. La guitarra marca un compás sencillo, mientras la letra pinta un retrato crudo de la vida en la calle. No hay estallidos ni carreras vertiginosas; en su lugar, la canción fluye con una cadencia que invita a escucharla sin prisas. Para algunos, es un paso en falso; para otros, una muestra de que Megadeth podía explorar otros senderos.

4. «Trust» (introducción y desarrollo melódico) (Cryptic Writings, 1997)

No toda la canción encaja en este listado, pero su arranque y ciertas secciones merecen atención. El bajo y la guitarra dibujan una apertura que respira, como si la banda quisiera tomarse un momento antes de soltar la rienda. Incluso cuando el ritmo sube, hay un equilibrio que evita el desborde típico del thrash. La tensión entre calma y potencia es lo que hace a «Trust» un caso interesante: no renuncian al filo, pero saben cuándo soltarlo a cuentagotas. Es un puente entre dos mundos dentro del mismo tema.

5. «Symphony of Destruction» (versiones acústicas o en vivo)

La original, lanzada en Countdown to Extinction (1992), no califica aquí: es un cañonazo puro. Pero las reinterpretaciones acústicas que Mustaine ha presentado en vivo o en sesiones especiales son otra historia. Despojada de su armadura eléctrica, la canción revela una estructura que funciona sin necesidad de apabullar. El riff icónico se transforma en algo íntimo, casi como una conversación entre acordes. Estas versiones, aunque no están en los discos de estudio, muestran cómo un clásico puede encontrar calma sin perder su alma.

Estas cinco canciones no son la norma en Megadeth, y esa es precisamente su fuerza. En una carrera construida sobre la velocidad y la precisión, estos cortes prueban que el grupo podía bajar la guardia sin desarmarse. Para el fan que busca headbanging eterno, quizá pasen desapercibidas; para quien quiere explorar los rincones menos transitados de la banda, son un hallazgo que vale la pena desmenuzar. ¿Cuál es tu apuesta por un Megadeth más reposado? El debate, como siempre en el metal, está abierto.