
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció este miércoles un aumento en sus recompras de deuda de largo plazo. La medida buscaba dar liquidez al mercado y contener la presión sobre los rendimientos. Inicialmente, esta medida provocó una caída en las tasas, que llegaron a ubicarse cerca del 4.6%. Sin embargo, ese efecto fue breve: la intervención del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para contener la presión sobre el mercado de bonos duró poco.
El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años regresó este jueves a 4.71%, prácticamente 24 horas después de que el gobierno estadounidense anunciara que incrementaría sus recompras de deuda de largo plazo a por lo menos 4,000 millones de dólares (mdd).
El movimiento deja una señal incómoda para el secretario del Tesoro, Scott Bessent: el mercado no parece convencido de que las recompras sean suficientes para contener el alza de los rendimientos.
El miércoles por la mañana, antes del anuncio, el bono del Tesoro a 10 años cotizaba en torno a 4.68%. Tras conocerse el incremento de las recompras, el rendimiento cayó hasta 4.63%, mientras el Tesoro señaló que buscaba proporcionar liquidez al mercado.
Cuando sube la demanda por un bono, sube su precio; y como el rendimiento se deriva de ese precio frente a un flujo de pagos fijo, el rendimiento baja. La relación opera también al revés: si la demanda cae, el precio cae y el rendimiento sube. Las recompras del Tesoro apostaban exactamente a esa palanca: al salir a comprar bonos de largo plazo, el gobierno buscaba inflar artificialmente la demanda para empujar los rendimientos a la baja, sin tocar directamente la oferta de nueva deuda.
Un día después, el rendimiento no solo borró esa caída, sino que se ubicó por encima del nivel previo al anuncio.
El bono del Tesoro a 30 años también recuperó buena parte del terreno perdido tras el anuncio y este jueves avanzó hasta 5.23%. El movimiento ocurre después de haber alcanzado el martes su nivel más alto en casi dos décadas.
El Tesoro promete hacer más
Bessent intentó reforzar el mensaje este jueves al señalar que las recompras podrían ser incluso mayores a los 4,000 mdd por operación que el mercado había interpretado a partir del anuncio inicial.
“Tenemos un gran arsenal”, dijo el secretario del Tesoro al defender la capacidad del gobierno para intervenir en el mercado.
La estrategia, sin embargo, enfrenta un problema de escala.
El mercado de deuda estadounidense es demasiado grande para que una operación relativamente pequeña tenga necesariamente un efecto duradero sobre los rendimientos. De ahí que algunos analistas hayan comparado la medida con una versión limitada de Operation Twist, la estrategia utilizada por la Reserva Federal para modificar la composición de sus tenencias de deuda y ejercer presión sobre las tasas de largo plazo.
La diferencia es que, en este caso, el Tesoro busca principalmente mejorar la liquidez del mercado, no establecer directamente un nivel determinado para los rendimientos.
El propio Bessent ha insistido en que las recompras no buscan controlar la curva de rendimientos.
El problema es de magnitud relativa. Un impulso de demanda de 4,000 mdd es marginal frente a un mercado de bonos del Tesoro que se mide en decenas de billones. Cuando las fuerzas que empujan la oferta pesan más que el impulso artificial de demanda, el rendimiento obedece a la oferta, no a la intervención.
Una intervención que el mercado no compró
El problema es que el mercado parece estar exigiendo algo más que liquidez.
El repunte de los rendimientos refleja una combinación de factores:
- el enorme volumen de deuda que Estados Unidos necesita colocar
- un déficit fiscal cercano a 6% del PIB
- mayores expectativas de inflación
- una prima por plazo más elevada.
A esto se suma una transformación en la estructura de compradores de deuda estadounidense.
Con los bancos centrales reduciendo sus balances y los compradores tradicionales de deuda de largo plazo acercándose a sus límites de absorción, otros participantes —incluidos fondos de cobertura que realizan estrategias de valor relativo— tienen un peso creciente en el mercado.
Esto puede hacer que los rendimientos sean más sensibles a cambios en las condiciones de liquidez y en las expectativas fiscales.
El problema es más grande que los 4,000 mdd
El contexto fiscal dificulta todavía más la tarea del Tesoro. La deuda nacional de Estados Unidos superó los 40 billones de dólares por primera vez, Esto mientras el déficit fiscal se mantiene por encima de los niveles históricos previos a la pandemia.
Para los inversionistas, eso significa que la oferta de bonos del Tesoro seguirá siendo elevada.
Y cuando el mercado tiene que absorber cantidades crecientes de deuda, los inversionistas pueden exigir una mayor prima de riesgo para mantener posiciones de largo plazo.
El resultado es un círculo difícil de romper: mayores rendimientos elevan el costo de financiar la deuda, mientras una mayor necesidad de financiamiento puede presionar todavía más los rendimientos.
¿Qué puede hacer Bessent?
El secretario del Tesoro todavía tiene varias opciones. Una sería aumentar el tamaño y la frecuencia de las recompras. Otra consistiría en reducir la cantidad de deuda de largo plazo que el Tesoro coloca y trasladar parte del financiamiento hacia instrumentos de menor plazo.
También podría modificar la composición de los vencimientos de la deuda existente. Cada alternativa, sin embargo, tiene costos.
Reducir las emisiones de largo plazo podría aliviar temporalmente la presión sobre esa parte de la curva. Sin embargo, también podría generar dudas entre los inversionistas sobre la capacidad del gobierno para financiar su creciente deuda a plazos largos.
Además, una intervención demasiado agresiva podría producir el efecto contrario al buscado. Es decir, si los inversionistas interpretan las medidas como una señal de preocupación del propio Tesoro, podrían exigir un rendimiento todavía mayor para comprar deuda estadounidense.
Ese es precisamente uno de los riesgos que enfrenta Bessent.
La credibilidad también está en juego
La estrategia enfrenta además cuestionamientos sobre la comunicación del Tesoro. El anuncio de las recompras ocurrió apenas dos semanas después de que el Departamento del Tesoro presentara sus planes trimestrales de financiamiento sin anticipar un cambio de esta magnitud.
Para algunos analistas, esto rompe con la tradición de hacer anuncios de política de deuda de manera “regular y predecible”.
El riesgo es que los inversionistas comiencen a descontar nuevas intervenciones cada vez que los rendimientos suban, creando una especie de “Bessent put”: la expectativa de que el Tesoro actuará para limitar movimientos demasiado bruscos en los bonos.
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