Ipanema no necesita una campaña de marketing agresiva. La playa habla por sí sola, y su gastronomía también. Este es un barrio donde los restaurantes han encontrado el equilibrio perfecto entre una estética cuidada y una propuesta real; donde un italiano de manteles blancos puede convivir a pocas manzanas de una rústica parrilla brasileña de leña, y ambos tienen todo el sentido del mundo.
