Está muy bien usar Ormuz como arma geopolítica, pero el mundo está empezando a esquivar a Irán y puede hacerlo para siempre

Está muy bien usar Ormuz como arma geopolítica, pero el mundo está empezando a esquivar a Irán y puede hacerlo para siempre

Irán lleva años utilizando el estrecho de Ormuz como arma de presión geopolítica. Sin embargo, el problema para Teherán es que esa estrategia puede volverse en su contra más pronto que tarde.

¿La razón? Lo que durante décadas fue uno de los mayores cuellos de botella energéticos del planeta está perdiendo peso relativo a medida que productores, navieras y grandes economías ya están reorganizando sus cadenas de suministro y diversificando rutas.

De hecho, el golpe puede ser especialmente duro para la propia economía iraní. Cerca del 80% de las exportaciones totales del país, alrededor del 60% de los ingresos fiscales del régimen y aproximadamente una cuarta parte de su PIB dependen todavía de que Ormuz permanezca operativo.

O lo que es lo mismo: cuanto más amenace Irán con convertir el estrecho en un arma política, más expone su propia vulnerabilidad.

La dependencia energética mundial ya no es la misma

La gran transformación del mercado energético durante los últimos años ha reducido la capacidad de presión de algunos países productores concretos. Estados Unidos se ha consolidado como la mayor superpotencia energética global gracias al auge del shale oil y el gas natural licuado.

Actualmente exporta más de 8 millones de barriles diarios en productos petrolíferos. Además de enormes cantidades de GNL, diésel, fertilizantes y combustible de aviación hacia Europa, Asia y América Latina.

También, productores como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han ampliado capacidad y pueden añadir rápidamente millones de barriles adicionales al mercado. De hecho, Emiratos podría incrementar la producción en torno a 4 millones de barriles diarios.

Eso significa que buena parte del petróleo que anteriormente dependía directamente de Ormuz ya puede sustituirse mediante otras rutas y otros productores.

Irán está amenazando una vía de la que depende y mucho  

El problema para Teherán es que, aunque el estrecho sigue siendo importante para el comercio mundial, lo es muchísimo más para la propia economía iraní.

El país necesita mantener abiertas sus exportaciones energéticas para sostener ingresos públicos, reservas de divisas y estabilidad presupuestaria. La amenaza de bloquear Ormuz genera tensión en el mercado como está ocurriendo, pero también está llevando a los demás países a acelerar la búsqueda de alternativas permanentes.

La situación recuerda a lo ocurrido con Europa tras la invasión rusa de Ucrania. Muchos países entendieron que depender excesivamente de un proveedor geopolíticamente inestable suponía un riesgo estratégico enorme.

Desde entonces, Europa ha reducido considerablemente su dependencia energética de Rusia mediante diversificación de proveedores, terminales de gas natural licuado y nuevas infraestructuras. ¿Podría suceder un fenómeno parecido en torno a Ormuz?

Las grandes navieras ya están cambiando rutas

Las principales compañías marítimas llevan meses viendo que el estrecho es un riesgo permanente. Por ello, gigantes como Maersk, MSC o CMA CGM están espabilando.

De hecho, están desviando parte del tráfico hacia puertos alternativos situados en el Golfo de Omán y el mar Rojo. Puertos como Fujairah, Sohar o Khor Fakkan están ganando protagonismo logístico esta primavera, mientras las empresas reorganizan cadenas de suministro.

También, muchas rutas que tradicionalmente atravesaban el canal de Suez y Ormuz empiezan a desviarse por el cabo de Buena Esperanza, pese al aumento de tiempos y gastos logísticos. Estas compañías prefieren asumir un mayor importe operativo antes que depender de una zona inestable y, claro, ser objetivo de las bombas.

Arabia Saudí y Emiratos llevan ventaja

Mientras Irán depende enormemente de Ormuz, sus vecinos llevan años construyendo alternativas. Arabia Saudí ha ampliado la capacidad de Petroline, un gigantesco oleoducto que conecta los campos petrolíferos orientales con el mar Rojo.

Emiratos Árabes Unidos, por su parte, exporta crudo directamente desde Fujairah evitando completamente el estrecho. Irán, sin embargo, sigue dependiendo de una única vía marítima.

La economía iraní va mal

Tras semanas de conflicto con EEUU e Israel, las consecuencias económicas empiezan a ser visibles dentro del propio país. Las exportaciones iraníes de petróleo han caído desde unos 2 millones de barriles diarios hasta menos de 600.000. O lo que es lo mismo, un desplome superior al 70%. Los petroleros cargados con crudo iraní se acumulan frente a la isla de Kharg.

Por otra parte, el rial iraní se mueve ya en mínimos históricos frente al dólar en el mercado informal, acercándose a 1,8 millones de riales por cada dólar estadounidense. La pérdida de confianza en la moneda ha acelerado la fuga de capitales y aumentado todavía más la presión inflacionaria.

Hay que tener en cuenta una cosa: Irán depende fuertemente de importaciones para numerosos bienes básicos e industriales. Por lo que la depreciación de la moneda se traslada rápidamente al precio de los alimentos, medicinas y productos esenciales.

En apenas unas semanas, productos básicos como pollo, carne o lácteos han registrado fuertes subidas de precios. La inflación oficial supera ampliamente el 70% anual y se teme un deterioro todavía mayor si continúa la caída del rial.

Mientras tanto, sectores industriales enteros funcionan muy por debajo de capacidad. Miles de fábricas y complejos petroquímicos han reducido la producción o directamente han paralizado la actividad por la guerra.

Nada de esto significa que el estrecho haya dejado de ser importante, ni mucho menos. Pero Irán podría estar tensando una cuerda que, a medio plazo, puede llegar a romperse y lo peor para ellos: hacerlo para siempre.

Imágenes | BBC – Agencia Tasnim, Pezibear


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Está muy bien usar Ormuz como arma geopolítica, pero el mundo está empezando a esquivar a Irán y puede hacerlo para siempre

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El Blog Salmón

por

Sergio Delgado

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