
En el dinámico y a menudo turbulento mundo de las finanzas tecnológicas, pocos nombres resuenan con tanta fuerza como Ethereum, la segunda mayor criptomoneda por valor de mercado. Lo que comenzó hace una década como un manifiesto técnico para una “computadora mundial” se ha transformado en una pieza de infraestructura crítica para el sistema financiero global. Aunque su promesa era la descentralización, hoy se encuentra cada vez más integrado con Wall Street, lo que podría ser una contradicción frente a su lanzamiento.
En entrevista con ALTO NIVEL, Ana Belén González, estratega líder en tecnología blockchain y co-fundadora de Ethereum México, ofrece una perspectiva sobre este momento. Para González, el éxito de Ethereum se mide en miles de millones de dólares y en la adopción por parte de las instituciones más conservadoras del planeta.
Ethereum tiene más de 55,000 millones de dólares en valor bloqueado en protocolos DeFi, domina aproximadamente el 68% de todo el TVL de finanzas descentralizadas a nivel global, y el 12 de marzo de 2026, BlackRock lanzó su ETF de Ethereum con staking en Nasdaq. JPMorgan, Citi, Visa y otros bancos, fondos e instituciones están creando y usando la tecnología”, apuntó.
Estas instituciones ya están moviendo activos reales, desde bonos del Tesoro estadounidenses hasta fondos de inversión alternativos, hacia esta red transparente y programable.

¿Qué es Ethereum y por qué importa para el sistema financiero?
En el dinámico mundo de las finanzas tecnológicas, Ethereum se ha consolidado como la segunda mayor criptomoneda del mercado, solo por detrás de Bitcoin, y como una de las plataformas más influyentes en la transformación digital del sistema financiero. Su relevancia radica en su función: es una infraestructura donde se construyen servicios financieros.
A diferencia de otros activos digitales, Ethereum permite desarrollar aplicaciones descentralizadas, conocidas como dapps, y contratos inteligentes. Las dapps son programas que operan sin intermediarios tradicionales, mientras que los contratos inteligentes son acuerdos digitales que se ejecutan automáticamente cuando se cumplen ciertas condiciones.
En términos empresariales, esto implica que funciones como préstamos, pagos, emisión de activos o cumplimiento contractual pueden realizarse sin bancos, cámaras de compensación o notarios.
Este modelo ha permitido trasladar procesos financieros completos a una red programable, donde las reglas están definidas por código y pueden auditarse públicamente. La consecuencia es una reducción de intermediarios, mayor transparencia y nuevas formas de eficiencia operativa.
El staking y la nueva lógica del rendimiento
Uno de los pilares de Ethereum es el staking, mecanismo mediante el cual los participantes bloquean sus activos para validar transacciones y asegurar la red. A cambio, reciben un rendimiento anual que actualmente se ubica entre 2.8% y 3.1%. Dicho mecanismo sustituye procesos como la minería de criptomonedas, protocolo que utiliza Bitcoin para validar sus transacciones, e implica un mayor gasto energético.
Este esquema introduce una lógica conocida para el sistema financiero: capital que genera flujo. El staking se ha convertido en un componente clave para atraer inversión, ya que permite obtener rendimiento sobre un activo digital mientras se contribuye al funcionamiento de la red.
El crecimiento de esta actividad ha sido significativo. Un 29% del suministro total de ether se encuentra comprometido en este proceso, lo que refuerza la seguridad del sistema, pero también modifica la estructura de incentivos dentro del ecosistema.
Concentración: el riesgo estructural del sistema
El avance del staking ha venido acompañado de un fenómeno de concentración. Aunque existen más de 1.1 millones de validadores activos, la distribución del poder no es homogénea.
Los datos de enero de 2026 muestran que hay más de 35.8 millones de ETH en staking, aproximadamente 29% de la oferta total, con más de 1.1 millones de validadores activos. Sin embargo, las 10 entiEthereum Méxicodades más grandes controlan más del 60% de ese total. Lido, por ejemplo, mantiene alrededor de 8.7 millones de ETH, un 24.2% del mercado de staking”, explica González.
Este nivel de concentración introduce riesgos que el sistema busca mitigar. La acumulación de poder en pocos actores puede afectar la resiliencia y la gobernanza de la red, al concentrar decisiones clave en un número limitado de participantes.
La respuesta del ecosistema: una descentralización en construcción
Frente a este escenario, el ecosistema ha desarrollado mecanismos de respuesta. La descentralización se mantiene como un objetivo en evolución, impulsado tanto por la comunidad como por avances técnicos.
Es un riesgo real que la comunidad toma muy en serio. La descentralización no es un estado que se alcanza, es un proceso que se defiende constantemente. Y Ethereum ha demostrado históricamente esa cultura de autocorrección”, señala González.
Este principio se refleja en cambios técnicos orientados a redistribuir el poder dentro de la red. En marzo de 2026, Vitalik Buterin, fundador de Ethereum, impulsó el uso de tecnologías de validación distribuida que permiten simplificar el staking a gran escala y reducir su complejidad operativa. En concreto, puso en staking 72,000 ETH mediante la tecnología DVT-lite.
En términos prácticos, esto implica que operar un validador, una función clave para validar transacciones y asegurar la red, deja de ser una tarea reservada para grandes operadores con equipos especializados. La posibilidad de dividir esa función entre múltiples participantes reduce la dependencia de grandes pools y facilita que más usuarios puedan integrarse con menores barreras técnicas.
Este tipo de ajustes busca contener la concentración y ampliar la base de actores que sostienen la infraestructura de Ethereum.
Una arquitectura modular para escalar
El crecimiento de Ethereum también ha requerido cambios en su arquitectura. La red principal ha evolucionado hacia un rol centrado en seguridad y liquidación, mientras que otras capas se encargan del procesamiento de transacciones.
“Ethereum sí se está consolidando como capa de liquidación y seguridad”, explica González. Este modelo permite distribuir funciones dentro del sistema, mejorando eficiencia y escalabilidad.
Las soluciones de segunda capa, como Arbitrum y Optimism, absorben gran parte de la actividad, reduciendo costos y tiempos de ejecución. Esta estructura facilita la expansión del ecosistema sin comprometer su integridad.
Precio vs fundamentos: una desconexión en proceso
El crecimiento técnico y operativo de Ethereum no siempre se refleja en su precio de mercado. A este 5 de mayo, su precio unitario es de 2,376 dólares, registrando una caída del 51.9% desde su máximo histórico alcanzado el 24 de agosto, según datos de CoinGecko. La volatilidad sigue siendo un factor relevante, en parte por la falta de marcos de valoración claros.
El mercado todavía no tiene marcos de valoración maduros para ETH. ¿Es un commodity (materia prima) digital? ¿Un activo productivo por el rendimiento del staking? ¿Un activo de reserva para el ecosistema DeFi? Probablemente las tres cosas”, explica González.
Esta ambigüedad dificulta la integración de Ethereum en modelos financieros tradicionales, aunque sus fundamentos y usos en el mundo real continúan fortaleciéndose.
Tokenización: el puente con el sistema financiero tradicional
Uno de los desarrollos más relevantes es la tokenización de activos del mundo real. Este proceso permite representar instrumentos financieros tradicionales dentro de la blockchain.
El valor total de activos tokenizados del mundo real, excluyendo a las stablecoins, alcanzó los 26,700 millones de dólares a finales de marzo de 2026, un crecimiento de casi cuatro veces respecto al año anterior
Ethereum concentra más del 60% de estos activos, lo que refuerza su papel como infraestructura clave para la digitalización del sistema financiero.
El cuello de botella ya no es la tecnología, es la regulación. Pero incluso ahí hay avances: el SEC Chair Paul Atkins declaró públicamente que la tokenización puede hacer los mercados más transparentes”, apunta González.
Las proyecciones apuntan a 100.000 millones para finales de 2026 y potencialmente $2 billones para 2030 según McKinsey, recupera la experta
Competencia y ventaja estructural
El ecosistema blockchain ha visto el surgimiento de nuevas redes que compiten en velocidad y costos, como Solana. Sin embargo, Ethereum mantiene ventajas relacionadas con su desarrollo y adopción.
La ventaja de Ethereum no es velocidad ni costo, son tres cosas: profundidad del ecosistema de desarrolladores, liquidez acumulada y confianza institucional”, afirma González.
Según Electric Capital, Ethereum mantiene 31,869 desarrolladores activos — casi el doble que Solana (17,708) — y atrajo más de 16,000 nuevos desarrolladores solo entre enero y septiembre de 2025, más que cualquier otra blockchain.
Estos factores han consolidado su posición como plataforma líder para el desarrollo de aplicaciones financieras.
México y América Latina: casos de uso concretos
El impacto de Ethereum se extiende a mercados emergentes, donde la infraestructura financiera presenta limitaciones. En México, las remesas y el acceso a servicios financieros son áreas donde la tecnología puede generar cambios de manera más rápida y accesible, según detalla la experta.
En un país donde millones de personas carecen de acceso a servicios financieros completos, DeFi sobre Ethereum representa la posibilidad de acceder a ahorro, crédito y rendimiento sin intermediarios”, explica González.
Para la experta, América Latina es el mercado donde posiblemente donde el impacto de la tecnología de Ethereum se va a sentir con más fuerza.
La evolución de Ethereum apunta hacia una integración más profunda en el sistema financiero global.
En cinco años, creo que hablaremos de Ethereum como hablamos hoy de TCP/IP: la mayoría de las personas no sabrán que lo están usando, pero será la capa sobre la cual funcionan los servicios financieros, la identidad digital y la coordinación económica global”, concluye González.
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