Bryan Adams: La nostagia que pega como un puñetazo

Hay artistas que no necesitan de pirotecnia excesiva para llenar un recinto; les basta con una guitarra, una voz rasposa que parece inmune al paso del tiempo y una conexión genuina con su público. Bryan Adams demostró anoche en la Arena Ciudad de México que, a sus 66 años, sigue siendo el “eterno adolescente” del rock.

Como parte de su gira “Roll with the Punches”, el canadiense ofreció un espectáculo que mezcló la intimidad de un club de blues con la energía eléctrica de un estadio, dejando claro por qué es una leyenda viva.

La noche no comenzó con estruendos. Rompiendo el protocolo tradicional, Adams apareció de pronto en un escenario secundario ubicado en la parte trasera de la pista. Solo, con su guitarra acústica y rodeado de miles de teléfonos encendidos, arrancó con “Can’t Stop This Thing We Started”.

El ambiente se volvió íntimo de inmediato. Las pulseras LED distribuidas a la entrada comenzaron a parpadear en una coreografía de rojo, blanco y azul, transformando la Arena en un mar de luces vibrantes mientras sonaban “Straight From the Heart” y “Let’s Make a Night to Remember”.

Tras el set acústico, Bryan corrió al escenario principal para soltar la artillería pesada. Con “Kick Ass” y “Run to You”, la banda completa entró en acción. Uno de los momentos más espectaculares ocurrió durante “Roll With the Punches”, cuando un guante de box plateado gigante sobrevoló las cabezas de la audiencia, reforzando el concepto de su nueva gira.

Adams, siempre carismático, se esforzó por conectar con el idioma local. Después de “Do I Have to Say the Words?”, proyectada con su video original de 1992, se dirigió al público en un español esforzado: “Me llamo Bryan”, dijo entre risas, para luego prometer que tocaría “todas las canciones que recordara”.

La sorpresa de la noche llegó antes de “Shine a Light”, cuando el cantante soltó un mexicanísimo “¡A huevo!”, desatando una ovación ensordecedora que confirmó que ya era un “chilango” más.

El concierto tuvo de todo: Locura colectiva: En “You Belong to Me”, la Arena se convirtió en una fiesta de baile donde algunos fans, llevados por la euforia, terminaron quitándose la playera al ritmo del rock and roll.

Virtuosismo

Luke Doucet deslumbró con la guitarra española en “Have You Ever Really Loved a Woman?”, aportando ese toque flamenco que la canción exige. Clásicos como “This Time” fueron acompañados por sus videos originales de los 80, recordándonos la larga trayectoria del músico.

Hacia el final, la atmósfera se volvió eléctrica. El coro masivo en “(Everything I Do) I Do It for You” fue tan potente que por momentos la voz de Adams quedaba opacada por las miles de personas que cantaban a todo pulmón.

El cierre oficial no pudo ser otro que “Summer of ’69”, que inició con un nuevo y mejorado solo de guitarra antes de explotar en el himno generacional que todos esperaban. Finalmente, solo en el escenario principal, Adams cerró con una versión acústica de “All for Love”, dejando un sentimiento de gratitud en el aire.

Bryan Adams vino a demostrar que el rock auténtico no tiene fecha de caducidad. Fue una noche de golpes (de box), de luces y, sobre todo, de mucho corazón.

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