Hace 40 años: Whiplash lanzó “Power and Pain”, clásico del thrash metal de Nueva Jersey

En febrero de 1986, tres tipos llamados Tony sacaron uno de los álbumes debut más violentos de la escena thrash. Grabado a finales de 1985 con miembros de Carnivore y Agnostic Front en los coros, “Power and Pain” sigue siendo un referente del thrash underground.

En febrero de 1986, Whiplash lanzó “Power and Pain” a través de Roadrunner Records. El álbum debut de la banda de Nueva Jersey llegó en pleno año dorado del thrash metal, compitiendo con discos como “Reign in Blood” de Slayer, “Master of Puppets” de Metallica y “Pleasure to Kill” de Kreator. Cuarenta años después, “Power and Pain” sigue siendo considerado uno de los álbumes más crudos y honestos del género.

Los tres Tonys del thrash

La formación de Whiplash en “Power and Pain” tenía algo peculiar: todos los miembros se llamaban Tony. Tony Portaro en guitarra y voz, Tony Bono en bajo, y Tony Scaglione en batería. Nada más de Nueva Jersey que eso. La banda se había formado en el verano de 1984 cuando Portaro y Scaglione unieron fuerzas, reclutaron a Bono en el bajo, y se pusieron a escribir thrash metal sin disculpas.

El nombre Whiplash venía de la canción de Metallica del mismo nombre en “Kill ‘Em All”. Era un homenaje directo a una de las bandas que los había inspirado, aunque su sonido terminaría siendo más crudo y violento que el de sus ídolos de San Francisco.

Grabado en Nueva Jersey con invitados especiales

“Power and Pain” se grabó a finales de 1985 en los Reel Platinum Studios de Nueva Jersey, el mismo lugar donde habían grabado Misfits y Danzig. La producción corrió a cargo de Norman Dunn, quien capturó el sonido crudo y directo que la banda buscaba. No había pretensiones de pulir demasiado las cosas. El disco debía sonar exactamente como Whiplash en vivo: rápido, agresivo y sin filtros.

Una de las características del álbum fue la participación de miembros de Carnivore y Agnostic Front en los coros. La escena del metal de la costa este estaba unida en esos años, y bandas de thrash, hardcore y crossover colaboraban entre sí. Esa energía de la escena de Nueva York y Nueva Jersey se puede sentir en cada canción del disco.

35 minutos de velocidad total

“Power and Pain” dura apenas 35 minutos y ni un segundo se desperdicia. El disco abre con “Stage Dive”, una canción que captura perfectamente la locura de un show de thrash en 1986. En la época, cada banda importante tenía su himno sobre la intensidad de los conciertos: Metallica tenía “Whiplash”, Exodus tenía “Bonded by Blood”, y Whiplash tenía “Stage Dive”.

“Red Bomb” mantiene la intensidad con riffs diseñados para el mosh pit. “Last Man Alive” y “War Monger” son imposiblemente rápidas, tan despiadadas que lo único que puedes hacer es aguantar mientras intentan mandarte a la sala de emergencias. “Message in Blood” y “Spit on Your Grave” mostraban influencias claras de Exodus, pero con un nivel de agresión que pocos alcanzaban.

“Stirring the Cauldron” tiene un gancho pegajoso que rompe un poco las ráfagas de riffs eléctricos. “Spit on Your Grave” es la canción más corta del álbum, durando menos de tres minutos, y probablemente la más rápida. Algunos la consideran proto-death metal por el estilo de riffs y la intensidad instrumental. Bandas como Death y Obituary usarían ese tipo de enfoque pocos años después.

El álbum cierra con “Nailed to the Cross”, una canción que tiene su corazón en el thrash pero con momentos que recuerdan al speed metal de bandas como Exciter. Tony Portaro escribió todas las canciones del álbum, con excepción de “Stirring the Cauldron” que fue compuesta por los tres Tonys.

Producción cruda y voz desgarrada

La producción de “Power and Pain” es deliberadamente cruda. Las guitarras suenan delgadas comparadas con los estándares modernos, pero eso es parte del encanto. El álbum suena como tres tipos en un cuarto tocando lo más rápido que pueden sin preocuparse por pulir cada detalle. Esa honestidad brutal es lo que lo hace especial.

Las voces de Tony Portaro son del estilo garganta desgarrada que no necesariamente añade a la música tanto como lo haría un vocalista más técnico. Pero comparado con los gruñidos del death metal que llegarían años después, Portaro suena casi melódico. Y su estilo encajaba perfectamente con la brutalidad del sonido.

Clásico underground que nunca alcanzó fama masiva

“Power and Pain” es considerado un clásico del thrash metal underground. Está al nivel de álbumes como “Pleasure to Kill” de Kreator, “Darkness Descends” de Dark Angel e “Infernal Overkill” de Destruction en términos de violencia y extremidad. Pero a diferencia de los Big Four del thrash, Whiplash nunca alcanzó fama global.

El disco fue lanzado por Roadrunner Records y tuvo distribución decente para un álbum de thrash underground en 1986. En 1998, Displeased Records lo relanzó junto con el segundo álbum de la banda, “Ticket to Mayhem” de 1987, en un paquete doble que reunía lo mejor de Whiplash de los ochenta.

Muchos fans descubrieron a Whiplash a través de la compilación “Speed Metal Hell” de 1985, donde apareció su canción “Thrash ‘til Death”. El disco prometía exactamente eso, y “Power and Pain” cumplió la promesa con creces.

Un legado de 40 años

Cuarenta años después, “Power and Pain” sigue siendo un punto de referencia para el thrash metal crudo y sin pretensiones. La banda nunca refinó su sonido lo suficiente para ser “comercialmente viable”, y eso fue parte de su encanto. Whiplash no estaba tratando de ser el próximo Metallica. Estaban tocando thrash metal de la forma más honesta y violenta posible.

La formación de los tres Tonys solo duró unos años antes de que comenzaran los cambios de lineup. Tony Scaglione eventualmente dejaría la banda, y Whiplash seguiría grabando álbumes con diferentes formaciones. Pero “Power and Pain” capturó un momento específico: tres tipos de Nueva Jersey con el mismo nombre, tocando thrash metal sin filtros en el año dorado del género.

El álbum dura 35 minutos. No hay variedad musical elaborada, no hay ambiciones progresivas al estilo Metallica, no hay innovación revolucionaria. Solo velocidad, rabia y riffs que muerden. Y eso es exactamente lo que lo hace un clásico.

Foto: Internet

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