
Un CRJ600 de American Eagle en Dallas – Wicho
Esta pasada noche el presidente Trump, dentro de uno de sus periódicos arrebatos de lanzar cosas en Truth Social, decía que los Estados Unidos iban a retirar la certificación a todos los aviones fabricados en Canadá mientras la autoridad competente del país no certifique los Gulfstream 500, 600, 700, y 800.

El mensaje completo. No lo enlazamos pero su autenticidad está verificada por diversas fuentes.
No está claro que el presidente tenga la autoridad para hacer esto directamente. Ni que tan siquiera tenga la autoridad de ordenar que lo haga a la Administración Federal de Aviación (FAA) de los Estados Unidos, la agencia encargada de certificar los aviones para volar en el país, lo que en efecto los dejaría en tierra. Y menos cuando es por motivos económicos y no por seguridad como es el caso.
Claro que no es que ninguna institución del país le esté parando mucho los pies a Trump en este primer año de su segundo mandato. Así que el mensaje generó mucha inquietud, entre otras cosas porque hay varios miles de CRJ fabricados por la empresa canadiense Bombardier en servicio en muchas aerolíneas estadounidenses. Forman una parte importante de sus flotas porque son los que transportan pasaje de y a aeropuertos más pequeños para hacer conexiones en los más grandes.
Pasa lo mismo con un cierto número de Airbus A220, que aunque ahora son del fabricante europeo y los que se entregan en Estados Unidos se fabrican en Alabama, los primeros ejemplares entregados eran todavía los C Series de Bombardier.
Y eso por no hablar de que tanto la Fuerza Aérea como el Ejército de los Estados Unidos utilizan aviones Bombardier, que los Twin Otter de de Havilland Canada son los únicos aviones que pueden llegar a algunos lugares remotos de Alaska, o que los aviones antiincendios Canadair también son canadienses.
El problema parece venir de que los Gulfstream 700 y 800 han recibido una excepción por parte de la FAA y las autoridades europeas para operar aunque aún falta por certificar el funcionamiento de sus sistemas de combustible en condiciones de frío extremo. Pero Transport Canadá se ha negado a otorgarles esa excepción, probablemente a causa del fiasco de la FAA y el Boeing 737 MAX. Antes la certificación por parte de otras autoridades una vez que un avión era certificado por la FAA era prácticamente automática.
Y de ahí el mosqueo de Trump. Que es de suponer que venga de que alguien de su entorno se lo haya comentado; no creo que él sepa nada del tema.
Además el presidente Trump, cómo no, también ha amenazado con unos aranceles del 50 % para cada avión canadiense que se venda en los Estados Unidos. Se ve que aún no ha comprendido quién paga los aranceles en realidad.
En cualquier caso lo más probable es que no pase nada. Pero el susto ha sido tan gordo que la Casa Blanca, horas después, ha salido a decir que esa no certificación sería para aviones de nueva producción, no los que ya están en servicio. Lo que abunda en que es una decisión política y no de seguridad.
Pero a ver, que con este presidente y esta administración nunca se sabe. Y que no ganamos para sustos.
