
Alberto Areta nos escribió para hablarnos de un proyecto de arqueología digital en el que se embarcó, que le ha permitido identificar con precisión el lugar desde el que Warren de la Rue fotografió el histórico eclipse total de Sol de 1860, combinando fuentes históricas, cartografía y datos geodésicos. Según sus cálculos, la foto fue tomada desde un remoto lugar de Álava, en el punto exacto situado en las coordenadas 42° 43′ 24″ N, 11m 41,3s O.
El caso es que en 1860, fue el astrónomo británico Warren de la Rue quien capturó en Ribabellosa (Álava) la primera serie completa de fotografías de un eclipse total de Sol de la historia. Todo un hito científico que demostró que las protuberancias observadas pertenecían al Sol y no a la Luna. El punto de observación no se conocía con exactitud, pero con la ayuda de mapas, y fotografías del momento se ha conseguido ubicarlo.
El trabajo parte del análisis de la publicación original de De la Rue de 1862 y de grabados de la época, en los que aparece una casa, que todavía existe, que sirve como referencia visual. Sin embargo, el observatorio no se instaló exactamente allí. La clave estaba en las coordenadas determinadas tras una triangulación geodésica realizada por Otto Wilhelm von Struve, un personaje central en la geodesia europea del siglo XIX. El resultado fijó la posición en 42° 43′ 24″ N y 11 m 41,3 s O respecto a Greenwich (equivalente a 2° 55′ 19″ O), con una diferencia de unos 2,6 km respecto a la posición astronómica inicial estimada por De la Rue.

La altitud también se midió con notable precisión: 479,15 m sobre el nivel del mar, obtenidos mediante nivelación geométrica directa y no por métodos barométricos. Al proyectar estos datos sobre el terreno actual y compararlos con ortofotos históricas del vuelo aéreo de 1932–1934, el punto se sitúa al norte de Ribabellosa, dentro del concejo de Quintanilla de la Ribera, en una antigua era de trilla descrita por el propio De la Rue como firme, cercana al camino, con acceso a agua y próxima al ferrocarril.
El eclipse de 1860 no marcó tanto historia de la astronomía y la fotografía, sino que dejó huella en la cultura científica española: tal y como cuenta Alberto:
Ese mismo día, tan solo unos minutos después pero a cientos de kilómetros de distancia, un niño de ocho años observaba el eclipse en Ayerbe (Huesca). Años después, Santiago Ramón y Cajal recordaría aquel episodio como uno de los acontecimientos que marcaron su vocación científica.
Y así es como avanza la ciencia.
