Carney enciende el discurso en Davos: así reaccionaron Sheinbaum y Trump

Carney enciende el discurso en Davos: así reaccionaron Sheinbaum y Trump

El discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos introdujo una tensión política y conceptual que va más allá del intercambio retórico con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sus palabras llegaron en un momento particularmente sensible para América del Norte: este año está prevista la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), mientras Canadá comienza a diversificar de manera explícita sus relaciones económicas y estratégicas, incluida la firma de un acuerdo con China la semana pasada.

En ese contexto, las reacciones de México y Estados Unidos revelan no solo diferencias de tono, sino visiones divergentes sobre el futuro del orden comercial regional.

Las declaraciones vienen a una semana de que Canadá anunciara un acuerdo comercial con China, tras años con sus relaciones comerciales enfriadas.

¿Qué fue lo que dijo Carney?

Carney planteó en Davos que el mundo no vive una transición ordenada, sino una ruptura del sistema internacional basado en normas. Apoyado en el ensayo The Power of the Powerless de Václav Havel, sostuvo que las grandes potencias han vaciado de contenido el principio de integración económica como mecanismo de beneficio mutuo, al convertirlo en un instrumento de coerción.

Sin mencionar directamente a Trump ni a Estados Unidos, denunció el uso de aranceles como fuerza, de la infraestructura financiera como presión política y de las cadenas de suministro como vulnerabilidades explotables.

El mensaje fue leído de inmediato como una crítica al unilateralismo estadounidense y a la creciente politización del comercio.

Trump tacha de “malagradecido” a Carney

La respuesta de Trump confirmó esa lectura. El presidente estadounidense afirmó que Carney había sido “poco agradecido”, una reacción que, más allá del tono personal, refleja la incomodidad de Washington frente a cualquier intento de las potencias medias de articular márgenes de autonomía.

Canadá vive gracias a los Estados Unidos. Recuerda eso, Mark (Carney), la próxima vez que hagas una declaración”,

continuó Trump para añadir que “Canadá recibe un montón de cosas gratuitas. Deberían ser agradecidos pero no lo son”.

En la lógica de Trump, el comercio es una relación de poder y reciprocidad inmediata, no un sistema de reglas compartidas. Desde esa perspectiva, el llamado de Carney a que los países “dejen de fingir” y construyan coaliciones para resistir a las grandes potencias cuestiona directamente el enfoque bilateral y transaccional que Estados Unidos ha impulsado en los últimos años.

Sheinbaum evita las confrontaciones directas

México reaccionó de forma distinta. La presidenta Claudia Sheinbaum optó por la contención política y la estabilidad discursiva. Subrayó que su Gobierno trabajará para que el T-MEC no se rompa y que el acuerdo sigue siendo conveniente para los tres países.

Evitó caracterizar lo ocurrido en Davos como un choque y lo definió como la expresión de puntos de vista distintos frente al escenario internacional. Con ello, México se colocó deliberadamente fuera de la confrontación retórica y reforzó su papel como actor interesado en preservar la funcionalidad del marco regional.

Entonces, vamos a trabajar, no he hablado recientemente con el primer ministro Carney. Nos hemos buscado y vamos a tratar de tener una conversación y por supuesto con el presidente Trump, todas las negociaciones que tienen que ver con el acuerdo comercial”,

indicó.

¿En qué posición se encuentran las economías del T-MEC?

La continuidad del T-MEC es central para la integración productiva, la atracción de inversiones y la estabilidad macroeconómica de México. El país ha apostado por consolidar su papel dentro de América del Norte en lugar de cuestionar abiertamente el andamiaje institucional del tratado.

De ahí que Sheinbaum haya enfatizado que los canales de diálogo con Washington siguen abiertos y que existe una agenda activa tanto en materia comercial como de seguridad, con equipos mexicanos ya trabajando en Estados Unidos y con una próxima visita del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, a Washington.

Mientras México prioriza la estabilidad del marco existente, Canadá plantea la necesidad de recalibrar relaciones y construir una red más amplia de alianzas, “asunto por asunto”, para no depender de negociaciones bilaterales con un poder hegemónico.

En ese sentido, el reciente acercamiento de Canadá con China adquiere un valor estratégico. No se trata solo de diversificación comercial, sino de una señal política: Ottawa está dispuesta a explorar otros equilibrios en un mundo donde, según Carney, el orden basado en normas ya no ofrece garantías.

Las reacciones internacionales al discurso refuerzan esa lectura. Líderes políticos, exjefes de Gobierno, intelectuales y periodistas elogiaron la intervención de Carney por su claridad y por poner nombre a una realidad que muchos actores evitan confrontar. Desde Helen Clark hasta Mark Rutte, pasando por analistas como Nicholas Kristof o historiadores como Rutger Bregman, el discurso fue interpretado como una defensa explícita de valores y de una visión del multilateralismo que hoy parece a la defensiva.

El contexto de la renegociación del T-MEC

En el trasfondo, sin embargo, está el futuro del T-MEC. La revisión del tratado se dará en un contexto muy distinto al de su entrada en vigor en 2020. Estados Unidos muestra una postura más dura y menos comprometida con las reglas multilaterales; Canadá cuestiona abiertamente la viabilidad del orden que sustentó la integración; y México busca preservar el acuerdo como plataforma de crecimiento y certidumbre. La tensión no es solo comercial, sino política y conceptual.

El discurso de Carney no implica, por ahora, una ruptura con América del Norte, pero sí introduce un elemento de incertidumbre estratégica. Al plantear que las potencias medias deben actuar juntas para no ser absorbidas por las grandes, Canadá envía una señal de que su política exterior y comercial podría volverse más flexible y menos anclada exclusivamente al eje norteamericano.

Para Estados Unidos, eso representa un desafío a su liderazgo regional. Para México, un factor adicional de complejidad en la negociación y defensa del T-MEC.

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