Rosalía ha impulsado la tendencia “christiancore”, pero no es una moda solo para vender discos. En EEUU, los católicos ya superan a los protestantes en la generación Z

Rosalía ha impulsado la tendencia “christiancore”, pero no es una moda solo para vender discos. En EEUU, los católicos ya superan a los protestantes en la generación Z

Madonna, Prince, Lady Gaga… abrazar la espiritualidad para vender discos no es algo nuevo en el mundo de la música. Sin embargo, en los últimos tiempos la irrupción de lo espiritual en la cultura pop se ha convertido en algo más que una simple provocación estética.

En los últimos meses, la fe ha vuelto a ser un tema recurrente de la mano de artistas, cineastas y creadores que, lejos de esconderla, la reivindican como una respuesta legítima al, digamos, vacío contemporáneo.

El fenómeno ha adquirido aún mayor visibilidad tras el lanzamiento de Lux, el nuevo trabajo de Rosalía, que ha convertido lo religioso en un lenguaje creativo con ecos mucho más profundos que los propios del marketing musical.

Este regreso a lo sagrado conecta con un cambio generacional que va más allá de la industria cultural. Una parte significativa de los jóvenes empieza a mirar hacia la fe como espacio de sentido, pertenencia y estabilidad.

Espiritualidad pop y una estética que no es solo imagen

El lanzamiento de Lux en noviembre marcó un punto de inflexión. La colaboración con Björk en el tema Berghain sorprendió tanto por su sonoridad como por el imaginario que la rodea.

La canción, que toma el nombre de una de las discotecas más emblemáticas de Berlín, se adentra en un terreno inesperado: la espiritualidad entendida como búsqueda interior y no como imposición moral.

Rosalía ha explicado en varias entrevistas que el álbum gira en torno a la fe católica como refugio existencial, no como un dogma impuesto y heredado.

Este planteamiento conecta con una sensibilidad cada vez más extendida entre jóvenes que crecieron en un entorno marcado por la precariedad, la sobreexposición digital y la pérdida de referentes estables.

Un discurso espiritual que aparece como una respuesta a una época dominada por la ansiedad, la incertidumbre y la falta de horizontes claros.

La estética que algunos han bautizado como christiancore no surge de la nostalgia, sino de una necesidad contemporánea.

El cine y la fe como acto de resistencia

Ese mismo impulso se refleja en el cine reciente. La película Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, ganadora de la Concha de Oro, aborda el despertar religioso de una adolescente de barrio obrero que decide ingresar en un convento.

La historia no busca adoctrinar ni provocar, sino mostrar un conflicto profundamente actual: el choque entre una fe vivida con convicción y un entorno que percibe cualquier forma de creencia como una amenaza ideológica.

La cinta ha generado debate precisamente porque no juzga. Presenta la fe como una elección personal en un contexto donde casi todo se interpreta en clave política.

Esa mirada conecta con una generación que, lejos de abrazar los viejos discursos militantes, busca certezas en un mundo fragmentado, donde la identidad se ha vuelto inestable y el futuro, imprevisible.

Una reacción cultural que incomoda

La reacción a este giro no ha sido unánime. Parte de la izquierda cultural ha acusado a Rosalía de frivolizar lo religioso o de utilizar símbolos católicos con fines comerciales.

En redes sociales, las críticas han ido desde la ironía hasta el reproche ideológico, mezclando estética, memoria histórica y militancia política.

La fe reaparece no como un instrumento de poder, sino como una respuesta íntima ante el desgaste del relato progresista clásico.

Para muchos jóvenes, la espiritualidad no representa un retroceso, sino una forma de resistencia frente a una cultura que promete libertad, pero ofrece incertidumbre permanente.

El giro religioso de la generación Z en Estados Unidos

El fenómeno no se limita al ámbito cultural europeo. En Estados Unidos, los datos confirman un cambio histórico. Por primera vez, la generación Z cuenta con más católicos que protestantes.

Según la Cooperative Election Study, el 21% de los jóvenes se identifica como católico, frente al 19% que se declara protestante. Es un hecho sin precedentes en un país tradicionalmente dominado por confesiones evangélicas.

Este cambio no responde tanto a un auge del catolicismo como a la pérdida de peso del protestantismo entre los más jóvenes. La secularización ha golpeado con más fuerza a las iglesias tradicionales, mientras que el catolicismo ha mantenido una base más estable, apoyada también en el crecimiento demográfico de origen latino.

Aun así, el grupo que más crece sigue siendo el de quienes no se identifican con ninguna religión, lo que refuerza la idea de un paisaje espiritual fragmentado.

Un patrón que se repite en Europa

Tendencias similares empiezan a observarse en otros países occidentales. En Reino Unido, estudios recientes muestran que el catolicismo ya supera al anglicanismo entre los jóvenes, mientras que en Francia se ha registrado un aumento significativo de bautismos adultos.

Incluso en España, uno de los países más secularizados del continente, los datos del CIS reflejan un ligero repunte de la identificación católica entre la generación Z.

Imágenes | Pixabay, Wikipedia


La noticia

Rosalía ha impulsado la tendencia “christiancore”, pero no es una moda solo para vender discos. En EEUU, los católicos ya superan a los protestantes en la generación Z

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El Blog Salmón

por
Sergio Delgado

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