Cuando hablamos de sistemas operativos como Ubuntu, Mint, o Debian, lo primero que nos viene a la mente es Linux. De hecho, generalmente solemos asumir que solo existen tres sistemas operativos principales: Windows, macOS y Linux, y que fuera de este trio no hay otras alternativas para el día a día. Sin embargo, esta idea es falsa. Aunque de forma minoritaria, existen otros sistemas que podemos descagrar y probar para salir de lo convencional, sistemas que llevan décadas en desarrollo y que pueden ser incluso mejor que los que ya conocemos. Un ejemplo de ello es Debian Hurd.
Cuando hablamos de Debian, siempre solemos asociarlo a Linux. Y con razón. Esta es una de las distros más importantes de la historia (si no la mejor) tanto en estabilidad como en seguridad, rendimiento y comunidad, que sirve como base para la mayoría de las distros que podemos usar en el día a día, como Ubuntu, Mint o MX Linux. Sin embargo, la sombra de Debian va mucho más allá de Linux, y, en la sombra, su comunidad creó, y aún mantiene, una versión alternativa al más puro estilo GNU.
Qué es Debian Hurd
Debian Hurd es, a grandes rasgos, Debian tal y como la conocemos. Por ejemplo, a nivel práctico, se trata de una distro que utiliza casi los mismos paquetes que el sistema principal, cuenta con apt, dpkg y los repositorios oficiales de Debian, e incluso mantiene la estructura clásica de este sistema. Sin embargo, bajo el capó, encontramos una diferencia clave: no utiliza el Kernel Linux, sino que lo cambia por otra alternativa: el kernel Hurd.

Hurd es un sistema operativo similar a Linux, pero cuya filosofía gira mucho más en torno a la filosofía GNU que Richard Stallman imaginó en los años 80: Y todo ello lo hace sin depender de Linux. El kernel GNU Hurd lleva más de 30 años en desarrollo e intentando despegar, pero la feroz competencia de Microsoft y Apple, y la popularidad de Linux en el hueco que queda han hecho que siempre quede a la sombra.
El microkernel, su característica clave
GNU Hurd no es un kernel monolítico como es el de Linux, sino que apuesta por un modelo microkernel basado en Mach. Su diseño prometía a los usuarios y los desarrolladores mayor modularidad, más seguridad y mayor flexibilidad a largo plazo. ¿Y en qué se diferencian exactamente? Imaginemos cómo se gestiona un dispositivo USB:
- En Linux (monolítico): el driver USB se ejecuta en el mismo espacio privilegiado que el resto del kernel. Un fallo en este driver puede provocar un «kernel panic» y bloquear todo el sistema.
- En Hurd (microkernel): el microkernel solo recibe la interrupción del hardware y la delega a un «servidor» (un proceso de usuario) que gestiona el USB. Si este servidor falla, solo se reinicia el subsistema USB, sin afectar a la estabilidad del sistema operativo. Este diseño modular es la clave de su robustez teórica.
El problema es que esa complejidad ha sido también su mayor enemigo, haciendo que el desarrollo se ha ralentizado durante décadas, con constantes reescrituras y problemas de rendimiento, compatibilidad y estabilidad. De esta forma, mientras Hurd avanzaba lentamente, Linux evolucionó de forma brutalmente rápida, ganando soporte de hardware, desarrolladores y empresas. Linux triunfó por una razón muy sencilla: funcionaba. Era más simple, más rápido de desarrollar y mucho más práctico, mientras Hurd se centró en imaginar el futuro ideal, pero sin centrarse en el presente.
¿Y por qué Debian Hurd no desiste y cambia por Linux? Porque precisamente su objetivo es ese: no usar Linux. Debian Hurd existe para demostrar que GNU no depende técnicamente de Linux, que es posible tener un sistema operativo completamente funcional sin el kernel de Linus Torvalds y que el diseño de microkernel sigue siendo una vía válida, aunque poco práctica, hoy en día.
Cómo usar Debian Hurd
Debian Hurd es una realidad. Y es un sistema operativo totalmente funcional, aunque con limitaciones. Este sistema operativo arranca y funciona y permite instalar paquetes básicos. Sin embargo, tiene soporte muy limitado de hardware y carece de drivers modernos, aceleración gráfica y estabilidad con respecto a Linux. Por ello, insistimos en que no es un sistema para el día a día, sino más bien para hacernos una idea de qué tenían en la cabeza las grandes mentes de los años 80.
Por ejemplo, Debian Hurd es un excelente sistema para probar en máquinas virtuales, experimentar con el diseño de microkernels y aprender cómo funciona un sistema GNU sin Linux. Sin embargo, no debemos pensar en usarlo como sistema principal, para jugar, trabajar o usar hardware moderno, ni esperar una gran estabilidad.
Si queremos darle una oportunidad, la última versión disponible data de agosto de 2025. Y la podemos descargar desde este enlace. Los requisitos necesarios para poder hacer funcionar este sistema son:
- Procesador Intel/AMD o alternativas (como mipsel) de 32 o 64 bits.
- 780MB de memoria RAM (512 MB para instalar sin escritorio) (170 MB para arquitecturas mipsel).
- 4 GB de espacio en disco para una instalación norma.
