¿Será 2026 el año de Linux? No, y su propio fundador explica por qué nunca lo será

Este principio de año debería ser un momento de celebración para la comunidad de Linux. De hecho, el sistema operativo del pingüino ha cruzado por primera vez en su historia la barrera del 10% de cuota de mercado en escritorio a nivel mundial… pero se enfrenta a un escalón que parece imposible de solucionar, según palabras del propio Linus Torvalds.

Microsoft, por su parte, parece empeñada en «hacer todo lo posible» para espantar a sus usuarios: solo en 2025 se han registrado 41 vulnerabilidades zero-day. A ello hay que sumar la polémica función Recall que espía cada clic del usuario y la invasión de Copilot en cada esquina de nuestro PC. Para colmo, también tenemos una nueva incompatibilidad artificial de Windows 11 con procesadores Intel que podrían funcionar perfectamente desde la octava generación.

Las razones para abandonar el barco de Redmond jamás habían sido tan claras… pero Linux no puede capitalizar en ningún momento esta migración. Según veteranos de la industria como Steven J. Vaughan-Nichols, que lleva utilizando Linux desde los 80, el problema no es técnico, sino político.

La paradoja de la elección que «mata» a Linux

Cuando un usuario que decide que los contras de Windows superan a los pros decide probar Linux, lo primero que se encuentra es con una serie de opciones que en un primer momento pueden llegar a abrumar. Solo en la plataforma de DistroWatch, encontramos más de 100 distribuciones activas en este momento. Cada una de ellas presumiendo de ser la mejor y más completa posible. Si eres principiante, tienes 20 opciones, si valoras la privacidad, encontrarás otras 15, y números parecidos si lo que quieres es estabilidad. Y esto es solo el primer escalón.

Por lo que, pese a que tiene su gran lado positivo esa fragmentación, la realidad es que en la práctica confunde más que ayuda. El propio Linus Torvalds, creador del kernel de Linux, ha expresado su descontento con esta situación en reiteradas ocasiones. De hecho, afirma que hay demasiados escritorios y que esa división de esfuerzos está frenando un progreso unitario real. Por ejemplo, macOS cuenta con una única interfaz, y lo mismo ocurre con Windos… pero Linux tiene GNOME, KDE Plasma, Cinnamon, MATE, XFCE y una lista extenuante de entornos de escritorio. Si cada uno de estos escritorios cuenta con sus propias apps, configuraciones y formas de hacer las cosas… para quien viene de Windows, es como pedirle que elija entre 50 coches diferentes cuando solo quiere ir al trabajo sin que el motor explote a mitad de camino.

Fabricantes que no apuestan por Linux

Incluso si Linux pusiera todo sus esfuerzos en menos distro y todo el desarrollo se unificara bajo una sola bandera, quedaría por superar el obstáculo más gigante de todos: ningún fabricante de PC apuesta por Linux con convicción. Dell vende algunos modelos con Ubuntu preinstalado, pero los esconde en rincones sin promoción alguna. Lenovo o HP ni siquiera ofrecen la opción de forma oficial.

Existen vendedores más especializados como System76, TUXEDO Computers o Star Labs que sí fabrican portátiles especialmente para Linux, pero en comparación con el alcance de otros SO, se dirigen a un público muy de nicho que no tiene un peso importante en el mercado.

El propio Torvalds ha señalado que existe un modelo a seguir -muy sorprendente-: los Chromebooks. Según él, son el verdadero camino hacia el dominio de Linux. Y para ello, defiende que Google ha hecho con ChromeOS lo que la comunidad de Linux no ha conseguido en 30 años: crear una plataforma unificada con un único modelo de instalación de apps y respaldada por fabricantes que sí venden ordenadores con ese sistema en tiendas físicas.

Android triunfó en los móviles precisamente por esa misma razón: debajo del capó es Linux, pero los usuarios nunca tenemos que elegir entre un «Android GNOME Edition» o «Android KDE Edition». Solo tienes que comprar un teléfono Android y funcionará. Parece ser un camino lejos de la realidad, pero tal vez podría ser la única solución para que Linux pueda alcanzar a los gigantes tecnológicos del sistema operativo.