¿Rinde bien tu GPU? 3 benchmarks para ver si sigue funcionando como debería en Windows

El paso de los años -y los juegos y actualizaciones- hacen que nuestra tarjeta gráfica se pueda ir resintiendo lentamente. De hecho, es probable que trabaje sobrecalentada y el propio calor haga que se ralentice, que los drivers no sean los adecuados o que tu CPU esté jugándole una mala pasada. Y ninguno de esos problemas te los dirá Windows por sí mismo.

Pero, a priori, te puede parecer que todo funcione «bien». Tus juegos seguirán funcionando, y tu navegador responderá como siempre. Pero tu tarjeta gráfica puede estar sufriendo más de lo debido. Por eso precisamente existen los tests benchmark para nuestras tarjetas gráficas. Y no es algo para solo aquellos que quieran hacer overclock. Es un diagnóstico, una «revisión médica» fundamental que debería hacerse, al menos, una vez al año. Más aún si te acabas de comprar una nueva GPU, o si has notado una bajada de rendimiento sospechosa.

Así que vamos a ver la importancia de estos benchmarks, y 3 herramientas perfectas para hacerlos.

¿Necesita tu GPU un test benchmark?

En primer lugar, debemos reconocer la importancia de un benchmark. Puede ser lo equivalente a nivel humano a un análisis de sangre, un medidor de salud para nuestra tarjeta gráfica. Windows por sí mismo nos dice que tenemos X GB de VRAM disponibles, nos dirá que nuestra GPU es una 9070 XT, pero no nos dirá si esa misma gráfica está rindiendo como debería, o si de manera inconsciente estamos trabando su funcionamiento real.

En este caso, existe un problema muy común entre las gráficas que es el «throttling térmico». Nuestras gráficas están diseñadas para funcionar a unos 80-85º C de máximo. En caso de que se caliente más, automáticamente reduce su velocidad para protegerse. Esta autodefensa puede bajar el rendimiento de la misma hasta en un 30% sin que nos demos cuenta. De hecho, a partir de los 3 años de uso, es un problema muy frecuente en GPUs. El disipador puede acumular polvo y los ventiladores se pueden ralentizar, o incluso una pasta térmica que se seque. Los juegos siguen funcionando, pero puede descender su rendimiento hasta en un 40%.

También podemos encontrar otro culpable en esta trama, y es un CPU que haga cuello de botella. Si una GPU es de una generación más moderna y potente que una CPU, la GPU tiene que funcionar en una espera constante a que la CPU termine de procesar los frames. Una prueba muy clara de ella es que si tu tarjeta gráfica rinde a un 60% de uso mientras estás jugando, tu CPU está haciendo el efecto cuello de botella.

Las 3 herramientas para hacer benchmarks en tu tarjeta gráfica

Las herramientas de benchmark nos permiten adentrarnos en el funcionamiento -y posibles desgastes- que llega a tener una gráfica con el tiempo. Así que vamos a desglosar 3 de los más conocidos en la industria.

3DMark

Uno de los más conocidos por toda la industria. Lo usan los fabricantes, los encargados de hacer reseñas y los overclockers más experimentados. Puedes descargar su versión gratuita y el software comienza a ejecutar juegos como Time Spy o Port Royal. En cuestión de unos 10 minutos, habrá finalizado su análisis para que puedas comparar tus resultados contra los esperados en dicha gráfica, e incluso con los de millones de usuarios.

Geekbench

Probablemente, el programa más rápido en hacer los tests de los 3 listados. Solo necesita 5 minutos para medir el rendimiento de tu gráfica. Está disponible para Windows, macOS y Linux. No están especializado como 3DMark, pero sigue siendo profesional, rápido, y te dice si tu GPU está funcionando precisamente como deberías. En el caso de que lo utilices mensualmente, puedes monitorizar cualquier desgaste rápidamente.

FurMark

La opción que lleva más al límite las capacidades de nuestra gráfica. Es totalmente gratis, pero extremadamente precisa. Tiene un curioso funcionamiento, y es que renderiza un donut peludo animado que fuerza la gráfica a límites máximos absolutos. Los overclockers lo utilizan mucho porque en cuestión de 30 segundos es capaz de detectar cualquier inestabilidad. Capaz de revelar también un fallo en el sistema de refrigeración.