5 riffs del thrash metal de los 80 que son gloriosos

Slayer

El thrash metal de los años 80 no fue solo un género; fue un incendio que arrasó con las reglas del heavy metal tradicional y dejó el suelo temblando bajo un aluvión de velocidad y rabia. Nacido en garajes polvorientos y sótanos mal ventilados, este estilo tomó el ADN del punk y el metal británico, lo trituró en una licuadora sónica y escupió algo que nadie vio venir. Los riffs, esas secuencias cortantes de guitarra que sostienen el caos, fueron el motor de esa maquinaria. No se trata de nostalgia ni de exagerar su peso; son hechos grabados en vinilos que aún resuenan en amplificadores gastados. Aquí van cinco de esos riffs que definieron la década, sacados de canciones que golpearon como un puño en la cara y se quedaron dando vueltas en la cabeza de quien los escuchó.

1. “Angel of Death” – Slayer (Reign in Blood, 1986)

Cuando Slayer soltó este riff en el mundo, fue como si alguien hubiera abierto una compuerta al infierno. Compuesto por Jeff Hanneman, arranca con un ataque de notas rápidas y disonantes que no dan respiro, un martilleo que se clava en el cerebro mientras la batería de Dave Lombardo lo respalda como un tren fuera de control. Grabado bajo la mirada de Rick Rubin en Los Ángeles, este tema no solo abrió Reign in Blood, sino que marcó un punto de no retorno para el thrash. La precisión quirúrgica del riff, con su mezcla de arpegios iniciales y palm mute agresivo, lo convierte en un arma que sigue cortando casi cuatro décadas después. Datos de la banda confirman que Lombardo tocaba a más de 210 pulsaciones por minuto, según análisis de fans en Encyclopaedia Metallum.

2. “Holy Wars… The Punishment Due” – Megadeth (Rust in Peace, 1990)

Técnicamente, Rust in Peace salió en 1990, pero su gestación y espíritu son puro 80s, así que cuenta. Dave Mustaine construyó este riff como un laberinto de cuerdas que serpentea entre tempos impredecibles, con Marty Friedman sumando un toque de virtuosismo que no ahoga la furia. El arranque, con esas notas rápidas y sincopadas en 6/8, te agarra del cuello y no te suelta. Inspirado en el conflicto de Irlanda del Norte, el riff no es solo velocidad; es un reflejo de tensión y caos organizado. Mustaine lo pulió durante las sesiones en Rumbo Recorders, y el resultado es una pieza que suena como si el thrash hubiera aprendido a pelear con bisturí en lugar de machete.

3. “Battery” – Metallica (Master of Puppets, 1986)

Metallica ya había mostrado colmillo antes, pero con “Battery” dieron un paso más allá. El riff principal, cortesía de James Hetfield, empieza con un engaño acústico de 40 segundos que se estrella contra un muro de distorsión. Grabado en Sweet Silence Studios en Copenhague con Flemming Rasmussen al mando, este tema es un misil que combina la crudeza del punk con un filo metálico afilado. El riff no se anda con rodeos: es directo, usa palm mute para apretar el sonido y deja que la batería de Lars Ulrich lo empuje como un pistón. Es thrash en su forma más pura, antes de que la banda empezara a mirar otros caminos.

4. “Pleasure to Kill” – Kreator (Pleasure to Kill, 1986)

Desde Essen, Alemania, Kreator llegó con un riff que suena como si alguien hubiera enchufado una sierra eléctrica a un amplificador. Mille Petrozza y compañía grabaron esto en Musiclab Studios, Berlín, y el resultado es un torbellino de notas rápidas que rozan el borde del death metal sin cruzarlo del todo. El riff titular es un asalto continuo, con acordes que galopan y una batería que parece desafiar la física. No hay pausas ni adornos; es thrash alemán en su esencia más cruda. Las cifras oficiales de la banda dicen que Pleasure to Kill movió más de 100 mil copias en su primer año, un número que habla de cómo Europa también sabía prender fuego al género.

5. “Bonded by Blood” – Exodus (Bonded by Blood, 1985)

En la Bay Area, donde el thrash echó raíces, Exodus dio un golpe seco con este riff. Gary Holt lo tejió como una red de alambre de púas: rápido, cortante y sin espacio para respirar. Grabado en Prairie Sun Studios, el tema titular de Bonded by Blood tiene un groove que se pega a los huesos, mientras la voz de Paul Baloff ladra encima como un perro rabioso. No es el más técnico ni el más veloz, pero su energía visceral lo hace único. Este riff es el sonido del underground de San Francisco, de esos shows donde el sudor y la cerveza se mezclaban en el aire. Es thrash sin filtro, directo desde el corazón de la escena que lo vio nacer.

Estos cinco riffs no son reliquias de museo ni trofeos para fanáticos con camisetas gastadas; son pruebas de que el thrash metal de los 80 fue una fuerza viva, un sonido que no pedía permiso para existir. Cada uno tiene su ADN: la brutalidad de Slayer, la precisión de Megadeth, la potencia de Metallica, la ferocidad de Kreator y la crudeza de Exodus. Si los pones a sonar hoy, siguen teniendo el mismo filo que hace décadas. Sube el volumen y déjalos hablar por sí mismos.