En el universo del metal, donde la adrenalina y el caos suelen mandar, hay bandas que rompen el molde con ritmos que no te sacuden el cráneo, sino que te invitan a cerrar los ojos y dejar que el tiempo se arrastre. No es que sean malas —muchas son leyendas—, pero para ciertos metaleros, esos que viven por el blast beat y el riff que te parte la cara, estas propuestas suenan más a una pausa que a un golpe. Hablamos de grupos que, por su enfoque lento, atmosférico o melódico, terminan etiquetados como “somníferos metálicos” en charlas de sobremesa o foros de internet. Aquí van cinco que, según el paladar de algunos, te mandan directo a contar ovejas negras.
1. My Dying Bride: El funeral que no termina
Desde que irrumpieron en los 90, los británicos de My Dying Bride definieron el doom metal con una mezcla de acordes pesados y lamentos que parecen sacados de un réquiem eterno. Canciones como The Cry of Mankind (del álbum The Angel and the Dark River, 1995) se extienden con violines y tempos que podrían competir con el goteo de una canilla rota. Para los fans del género, es una experiencia inmersiva; para los que prefieren el thrash o el death, es el equivalente a esperar que el café se enfríe mientras mirás la pared. Su catálogo, según datos de Encyclopaedia Metallum, supera las 13 horas de duración total. Ideal para introspección, pero no para mantenerte despierto en un pogo.
2. Opeth: Progresión que te desconecta
Opeth es un nombre que divide aguas. En sus inicios, con discos como Blackwater Park (2001), combinaban death metal con giros progresivos que te mantenían al borde. Pero desde Heritage (2011), Mikael Åkerfeldt decidió bajar las revoluciones, cambiar los growls por voces limpias y apostar por pasajes que parecen más una jam de jazz setentero que un asalto sónico. En una entrevista para Loudwire en 2016, Åkerfeldt explicó que buscaba “explorar texturas” en lugar de “golpear constantemente”. El resultado: algunos metaleros dicen que ahora es música para poner de fondo mientras doblás ropa, no para romperte el cuello.
3. Paradise Lost: Gótico para cabecear (literalmente)
Pioneros del death-doom con Lost Paradise (1990), los de Halifax dieron un volantazo en los 90 hacia un sonido gótico con discos como Icon (1993) y Draconian Times (1995). Los riffs pesados cedieron terreno a teclados y melodías que, aunque pegajosas, carecen del filo crudo que muchos asocian con el metal puro. Temas como Forever Failure tienen una atmósfera densa, pero el ritmo pausado y la producción pulida hacen que algunos lo comparen con un tranquilizante. En el libro The History of Gothic Metal (2020) de Gavin Baddeley, se menciona cómo esta etapa marcó un quiebre con su base más extrema. No es que falte calidad, sino que el punch se quedó en el camino.
4. Anathema: De la cripta al diván
Arrancaron como parte de la “Santísima Trinidad” del doom junto a My Dying Bride y Paradise Lost, pero Anathema tomó un sendero propio. Con Weather Systems (2012) o Distant Satellites (2014), dejaron atrás los rugidos y las guitarras aplastantes por un rock atmosférico que abraza más a Pink Floyd que a Black Sabbath. Los hermanos Cavanagh, según contaron en una charla para Prog Magazine en 2017, querían “crear algo que respirara” en lugar de “aplastar”. Para los metaleros old school, ese cambio es una traición que induce al bostezo. Si querés headbangear, buscá otra cosa; si querés reflexionar bajo la lluvia, este es tu boleto.
5. Dream Theater: Virtuosismo que adormece
Los reyes del metal progresivo son un caso curioso. Dream Theater puede pasar de un solo de guitarra endemoniado a un interludio de teclado que dura más que un viaje en colectivo un lunes a la mañana. Images and Words (1992) los puso en el mapa, pero temas como The Spirit Carries On o las suites eternas de Six Degrees of Inner Turbulence (2002) hacen que algunos fans del metal más directo pierdan la paciencia. John Petrucci, en una entrevista para Guitar World en 2019, defendió esos arreglos como “una narrativa musical”. Sin embargo, para quienes buscan inmediatez, esos 10 minutos de escalas y cambios de tiempo son un pasaje al país de los sueños.
El veredicto de la tribu
Ninguna de estas bandas carece de mérito —todas tienen discos que han moldeado el metal a su manera—, pero el género vive de contrastes. Donde unos ven profundidad, otros ven una excusa para apagar la luz. Si sos de los que necesitan un martillo neumático en los oídos para sentirte vivo, estas cinco podrían hacerte revisar el café en la mesa de noche. ¿Y vos? ¿Qué banda te saca un bostezo o te mantiene despierto hasta el amanecer? El debate, como siempre, sigue abierto en la trinchera metálica.