Chrome es el navegador más conocido del mundo. A veces para bien, y otras para no tan bien. De hecho, uno de sus talones de Aquiles es que devora recursos de nuestro PC, a la par que recolecta nuestros datos. Por lo que es lógico que cada vez más usuarios intenten optar por otros navegadores basados en Chromium…
De hecho, el ecosistema de Chromium ha dado nuevos navegadores para que podamos elegir con libertad. Pero no todo son buenas noticias, pues muchas de ellas son básicamente el mismo navegador con un lavado de cara y promesas que nunca se llegan a cumplir.
El problema es que, al mirar con más calma de manera pormenorizada, encontramos diferencias importantes a tener en cuenta. Por ejemplo, ciclos de actualización más lentos, telemetría propia, modelos de negocio poco transparentes o simplemente un 100% de dependencia de la infraestructura de Google para funcionar. Por lo que en este artículo vamos a centrarnos en 3 de esos navegadores que pueden no ser la vía de escape para ganar oxígeno en nuestro PC.
Thorium
Thorium se presenta a sí mismo como un Chromium versión «turbo». Es decir: compilaciones optimizadas, ajustes de rendimiento y la eterna promesa de ir siempre más rápido que Chrome, pero manteniendo la compatibilidad con extensiones y webs. Un discurso que pueden buscar precisamente aquellos que sientan Chrome como una app pesada. Y en parte, sí que puede llegar a conseguir esa promesa de velocidad.
Pero ello no quiere decir que no podamos tener problemas al respecto en otros aspectos. De hecho, su principal punto débil es el mantenimiento. Y es que depende al completo de un equipo muy reducido. Por lo que Thorium no puede seguir el ritmo de los parches de seguridad de Chrome. Cada vez que Google corrija una vulnerabilidad importante en el motor Chromium de su navegador, existe una ventana de tiempo en esta bifurcación que nos deja sin protección hasta que se desarrolle la solución. Y eso puede ser fatal para un programa cuyo fin es interactuar con internet.
Iridium
Iridium pretende ser lo mismo que Chrome, pero sin Google detrás. De hecho, se recorta en telemetría y se desactivan servicios en la nube. De igual manera, se limita el envío de datos a la infraestructura de la propia Google. Por lo que sobre el papel puede ser una buena opción si queremos aprovechar las extensiones de Chrome pero no queremos formar parte del modelo de negocio de la compañía.
Pero ese «corte» también tiene efectos secundarios. El primero de ellos es que al desactivar servicios como la sincronización, algunas APIs de Google o mecanismos como «Navegación segura» se ven perjudicados. De hecho, puede suponer una menor protección frente a webs peligrosas, o bien que no tengamos el contenido que un sitio web espera que tengamos y la correspondiente imposibilidad de funcionamiento. Por lo que ganas algo de privacidad teórica, pero vuelves a ir por detrás en funciones y parches de seguridad.
Vivaldi
Vivaldi es uno de los navegadores más llamativos basados en Chromium, y se desmarca por sus funciones del resto de navegadores que dependen más de extensiones. De hecho, se promociona como un navegador para usuarios que exijan una alta personalización. Podemos gestionar las pestañas a fondo, los paneles, activar funciones como notas o VPN o bloqueador de rastreadores. De hecho, es probablemente el que menos merezca estar en esta lista.
Aun así, hemos de tener en cuenta que Vivaldi no es un software libre. Cuenta con una capa por encima de Chromium que corresponde a la empresa Vivaldi Technologies. Y ello quiere decir que incluye su propia telemetría e identificadores de instalación que permite que la empresa recoja nuestras métricas de uso. Es cierto que es una práctica mucho menos agresiva que la de Google, pero tus datos no los controlará Google, sino la propia Vivaldi Technologies.
