agujero negro

Es de suponer que todo el mundo está al tanto de la que ha sido un de las noticias científicas más importantes de la década, al menos en el plano mediático: la primera fotografía de un agujero negro, un fenómeno predicho por Albert Einstein en su Teoría de la relatividad general, cuya existencia él mismo descartó por considerarlo una curiosidad matemática incompatible con la realidad física que nos rodea.

El estudio y los avances tecnológicos continuados, sin embargo, han llevado a la creencia de que los agujeros negros no solo existen, sino que son muy comunes en el universo. En el centro de la galaxia en la que está nuestro sistema solar, la Vía Láctea, habría uno 4 millones de veces con la masa de nuestro Sol, y de hecho se conjetura que las galaxias en espiral tendrían dicha forma debido precisamente a la presencia de agujeros negros en su interior.

Pero, ¿qué es un agujero negro? Explicado rápido y mal, un “espacio” con tal concentración de masa que genera una atracción gravitacional prácticamente irresistible, de la que ni siquiera la luz puede escapar. Para una explicación más completa y fidedigna, se han escrito innumerables artículos científicos al respecto, por lo que os recomendamos acudir a fuentes más autorizadas que la nuestra, que no lo es en ningún caso.

Volvamos pues con la noticia de marras. Se trata de la primera imagen real de un agujero negro supermasivo situado en el centro de la galaxia M87, una de las más grandes y luminosas del Cúmulo de Virgo, a unos 55 millones de años luz de la Tierra. Una imagen que podemos ver gracias al impresionante trabajo del Telescopio del Horizonte de Sucesos, un proyecto en el que durante dos años han participado más de 200 profesionales.

Claro que si hablamos de este tema aquí, es porque el software ha sido, más concretamente el software de código abierto, parte imprescindible para lograr el objetivo. Lo cuenta en TFiR, donde destacan la utilización de Sparselab y ehtim, una biblioteca y un módulo de Python que han ayudado a producir la mezcla final de la imagen, realizada mediante técnicas de interferometría, que es como suelen hacerse esas imágenes del espacio profundo que tanto gustan.

No obstante, no hay nada de sorprendente en ver a científicos apoyándose en software libre. De hecho es todo lo contrario, y lo más normal es que laboratorios y universidades de todo el mundo utilicen intensivamente tanto Linux como cantidad de software de código abierto, del CERN a la Estación Espacial Internacional y otros.